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viernes, 4 de abril de 2025

Metaforas : Castillo amurallado y el regalo envuelto en sombras


Metáforas: Castillo amurallado y el regalo envuelto en sombras

Introducción personal

Confío con dificultad. No solo cuando hay conflictos, también cuando todo parece amable, incluso cuando alguien se comporta con cariño. A veces, esa amabilidad me desconcierta más que la frialdad. ¿Es sincera o solo una obligación social? ¿Hay algo detrás que no estoy viendo? La desconfianza no aparece solo en situaciones tensas, sino incluso en los momentos que deberían ser reconfortantes. Y cuanto más crece, más alta se hace la muralla que me separa del resto.

La metáfora explicada

Vivir con fobia social es como habitar un castillo rodeado de defensas invisibles. La muralla es alta, el foso profundo, y el puente levadizo casi nunca baja. Desde las torres, observo a los demás con cautela. No porque no me importen, sino porque una parte de mí siempre espera que algo vaya mal. Es una defensa contra lo incierto: las interpretaciones ambiguas, los silencios, las miradas que no sé leer, las palabras que me suenan falsas aunque no lo sean.


Y ahí es donde la amabilidad se vuelve especialmente complicada. No porque no me guste, sino porque la recibo con un filtro que la distorsiona. Como si llegara envuelta en sombras. Una sonrisa me hace dudar. Una invitación me hace sospechar. Un cumplido me incomoda. A veces reacciono con torpeza o con una necesidad urgente de devolver el gesto, como si no pudiera simplemente aceptar sin sentir que estoy en deuda.

Reflexión final

Sé que no es justo para quienes se acercan con buena intención, ni para mí. Pero la desconfianza no es algo que haya elegido; se ha ido formando como una forma de protegerme. No se trata de derribar la muralla de golpe, sino de entender por qué la levanté.

La realidad es que no siempre era una exageración mía. A veces, de verdad, había algo que no cuadraba. El castillo no fue solo una respuesta a mis miedos, sino un intento de protegerme de lo que sí estaba ahí. Nuestra forma de ser a veces nos deja expuestos, y el daño entra porque ya estábamos demasiado abiertos por dentro. Por eso el castillo no es solo una metáfora triste. A veces ha sido necesario. A veces fue lo único que evitó que doliera aún más.


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