CUANDO LA FOBIA SOCIAL NO TENIA NOMBRE
EMILY DICKINSON: EL REFUGIO DE LA SOLEDAD Y EL ARTE DEL REPLIEGUE
Hay personas que parecen desaparecer del mundo sin haber dejado realmente de formar parte de él.
Emily Dickinson es quizá uno de los ejemplos más conocidos. Su imagen ha quedado asociada a una mujer encerrada en su casa, vestida de blanco, que apenas salía de su habitación y que terminó convirtiendo el aislamiento en una forma de vida.
Pero esa imagen, aunque contiene una parte de verdad, resulta demasiado sencilla.
Emily Dickinson no nació siendo una mujer aislada. Durante su juventud estudió, tuvo amistades, participó en reuniones sociales y mantuvo una vida de relaciones bastante más amplia de lo que su imagen posterior podría hacernos pensar.
Su repliegue fue gradual.
Y quizá precisamente por eso resulta tan interesante cuando intentamos observarlo desde la perspectiva de la fobia social.
NO SIEMPRE ESTUVO DETRÁS DE UNA PUERTA
En los primeros años de su vida adulta, Dickinson no vivía apartada del mundo.
La casa de su hermano Austin y de Susan Dickinson, The Evergreens, se convirtió durante un tiempo en un centro de actividad social de Amherst. Emily participaba en algunas de aquellas reuniones y mantenía relaciones con familiares, amigos y personas vinculadas al ambiente cultural de la ciudad.
Susan, además, no era una persona cualquiera dentro de su vida. Era su amiga íntima, su cuñada y una de las personas con las que mantuvo una relación intelectual y afectiva de enorme importancia durante décadas.
Esto es importante porque rompe una idea demasiado fácil: la de que Emily Dickinson fue simplemente una persona que rechazaba a los demás.
No parece que fuera así.
Su historia habla más bien de una reducción progresiva de su exposición al mundo exterior mientras, al mismo tiempo, seguía manteniendo relaciones muy intensas con determinadas personas.
EL REPLIEGUE NO FUE UNA DESAPARICIÓN
Durante la década de 1850 y especialmente a partir de los años 1860, su manera de relacionarse comenzó a cambiar.
El Emily Dickinson Museum señala que, después de sus tratamientos oculares en Cambridge durante 1864 y 1865, aquellos viajes fueron prácticamente sus últimas salidas de Amherst. Después de regresar en 1865, rara vez se aventuró más allá de los terrenos de la casa familiar.
Dickinson continuó escribiendo cartas, enviando poemas y manteniendo contacto con familiares y amigos. Algunas personas llegaron incluso a visitarla en el Homestead.
La diferencia estaba en la forma.
Cada vez necesitaba menos presencia física para mantener una relación.
Y eso introduce una cuestión que nos interesa especialmente cuando hablamos de fobia social: una persona puede reducir enormemente su exposición social sin que eso signifique que haya dejado de necesitar a los demás.
LA PUERTA COMO FRONTERA
La imagen de Emily Dickinson detrás de una puerta no es completamente una invención posterior.
El Emily Dickinson Museum recoge que, en sus años de mayor repliegue, podía hablar con determinados visitantes desde detrás de una puerta oscurecida.
Aquella forma de recibir a algunas personas permitía mantener el contacto sin asumir necesariamente toda la exposición que suponía un encuentro convencional.
Y aquí aparece una semejanza interesante con algunos mecanismos que podemos reconocer en la fobia social: no necesariamente desaparece el deseo de contacto, sino que se busca una forma de contacto que resulte soportable.
No sabemos si Emily Dickinson tenía fobia social y no existe base suficiente para afirmarlo. Incluso las razones de su progresivo aislamiento siguen siendo objeto de debate entre los especialistas.
CUANDO LA CARTA SUSTITUYE A LA PRESENCIA
Si hay algo que demuestra la importancia que tuvo la correspondencia en la vida de Dickinson son sus cartas.
Se conservan alrededor de mil cartas dirigidas a unas cien personas entre familiares y amigos. No son simplemente mensajes ocasionales. Constituyen una parte fundamental de su vida intelectual y emocional.
Para Dickinson, escribir podía ser una forma extraordinariamente intensa de estar cerca de alguien sin compartir físicamente el mismo espacio.
“A Letter always feels to me like immortality because it is the mind alone without corporeal friend.”
Traducción:
«Una carta siempre me parece una forma de inmortalidad, porque es la mente sola, sin la presencia física del amigo.»
Una carta podía transportar pensamientos, emociones, humor, afecto y poesía sin exigir la presencia física que una conversación cara a cara requería.
Y quizá aquí encontramos una de las partes más interesantes de su historia: Emily Dickinson encontró en la escritura una forma de mantener una comunicación intensa a distancia.
NO SE ALEJÓ DE TODO EL MUNDO
La relación con Susan Dickinson es probablemente uno de los mejores ejemplos.
Susan recibió más de 250 poemas de Emily a lo largo de las aproximadamente cuatro décadas de relación entre ambas.
También mantuvo una correspondencia importante con otras personas. Samuel Bowles, editor del Springfield Republican, fue otro de sus amigos significativos. Se conservan alrededor de cincuenta cartas dirigidas a él y recibió cerca de cuarenta poemas.
Bowles fue, además, una de las pocas personas ajenas a la familia que llegó a hablar con Dickinson en persona durante sus últimos años de mayor aislamiento.
Estos vínculos muestran que su círculo podía hacerse mucho más reducido sin que desaparecieran las relaciones significativas.
EL MUNDO PODÍA ENTRAR EN SU HABITACIÓN
También sería un error pensar que, al quedarse en casa, Dickinson dejó de interesarse por lo que ocurría fuera.
La lectura, las cartas, los periódicos y la escritura mantenían abierto ese contacto.
Su mundo físico podía hacerse pequeño mientras su mundo intelectual seguía creciendo.
Durante sus años de mayor producción escribió cientos de poemas y reunió muchos de ellos en pequeños cuadernos manuscritos. Compartió una parte de su obra con personas concretas, aunque la mayor parte permaneció privada.
No necesitaba publicar masivamente para escribir.
Su actividad intelectual no dependía de una presencia pública constante.
Y desde el Homestead continuó construyendo una obra que terminaría teniendo una repercusión mucho mayor que el espacio físico en el que fue creada.
¿REFUGIO O PRISIÓN?
Aquí es donde la historia de Dickinson se vuelve especialmente interesante.
Desde fuera, su casa puede parecer un refugio.
Un lugar donde nadie la obliga a exponerse, donde puede escribir, cuidar sus plantas, leer y organizar su mundo a su manera.
Pero un refugio también puede convertirse en una prisión cuando salir de él deja de ser una posibilidad sencilla.
No sabemos exactamente cuánto de elección hubo en el aislamiento de Dickinson y cuánto estuvo condicionado por su salud, sus circunstancias personales, su temperamento o una combinación de factores.
El propio Emily Dickinson Museum advierte de que las razones de su reclusión no pueden establecerse con certeza. Los especialistas han propuesto diferentes explicaciones y no existe una explicación única que permita resolver retrospectivamente la cuestión.
Por eso quizá sea más interesante no preguntarnos simplemente por qué se encerró.
Podemos preguntarnos qué consiguió mantener vivo a pesar del encierro.
EL ARTE DE REDUCIR EL MUNDO SIN PERDERLO
Emily Dickinson redujo progresivamente su presencia física en el exterior, pero su actividad intelectual y creativa continuó desarrollándose.
La casa se convirtió en el centro de su universo físico.
Pero desde allí siguieron llegando personas, cartas, noticias, libros, ideas y emociones.
Y desde allí salieron poemas y cartas que terminarían llegando mucho más lejos de lo que probablemente podía imaginar.
Hay una paradoja en todo esto.
La mujer que cada vez estaba menos presente físicamente terminó dejando una presencia intelectual enorme.
Su mundo exterior se hizo pequeño.
Su mundo interior no.
EL MUNDO AL OTRO LADO DE LA PUERTA
Emily Dickinson no desapareció del mundo. Cambió su manera de estar en él. Su presencia física se hizo cada vez más pequeña, pero su mundo interior se expandió a través de los poemas, las cartas y las relaciones mantenidas a distancia.
Por eso quizá la palabra «repliegue» resulte más adecuada que «desaparición».
No dejó de observar, pensar, escribir y mantener vínculos. Lo que redujo fue, sobre todo, su exposición física al mundo exterior.
Y quizá ahí aparece una pregunta interesante para quienes conocemos la fobia social: ¿Cuánto contacto necesitamos realmente para sentirnos conectados con los demás?
Emily Dickinson encontró en la carta una forma de acercarse sin necesidad de estar físicamente presente.
Quizá su historia nos recuerde que estar lejos no significa necesariamente estar desconectado.
No convirtió la soledad en ausencia de los demás; convirtió la distancia en otra forma de relacionarse con ellos.
Nota: Las semejanzas con mecanismos de la fobia social se presentan como una comparación actual, no como una afirmación de que Emily Dickinson tuviera este trastorno
FUENTES
Emily Dickinson Museum — FAQ
Información general sobre Emily Dickinson, su carácter, su vida social y las razones que se han propuesto para explicar su reclusión.
Consultar la información
Emily Dickinson Museum — Emily Dickinson’s Health
Información sobre su salud, sus problemas oculares y el progresivo alejamiento de las situaciones sociales.
Consultar la documentación sobre su salud
Emily Dickinson Museum — The Writing Years, 1855–1865
Su etapa de mayor producción poética, sus relaciones personales y la manera en que compartía poemas con familiares y amigos.
Consultar los años de escritura
Emily Dickinson Museum — The Later Years, 1865–1886
Información sobre sus últimos años, su vida cada vez más recluida en el Homestead, sus visitas y su actividad literaria.
Consultar los últimos años
Emily Dickinson Museum — Emily Dickinson’s Letters
Información sobre sus aproximadamente mil cartas conservadas, sus destinatarios y la importancia de la correspondencia en su vida.
Consultar la documentación sobre sus cartas
Emily Dickinson Museum — Susan Dickinson
Información sobre Susan Dickinson, su relación con Emily y los poemas y cartas que Emily compartió con ella.
Consultar la documentación sobre Susan Dickinson
Emily Dickinson Museum — Samuel Bowles
Información sobre Samuel Bowles, editor del Springfield Republican, amigo de Emily y una de las personas importantes de su círculo.
Consultar la documentación sobre Samuel Bowles
Amherst College — Emily Dickinson Collection
Colección de manuscritos, poemas, cartas y documentos relacionados con la vida y obra de Emily Dickinson y sus relaciones personales.
Consultar la colección de Amherst College