El círculo vicioso de la deuda imaginaria
Lo peor de vivir pagando el impuesto de salida es que la deuda nunca se cancela por completo. No importa lo perfecta que haya sido hoy, ni lo mucho que me haya encogido en el autobús, ni los favores que haya hecho para compensar mi presencia. Al día siguiente, en cuanto abro los ojos y me preparo para volver a cruzar el umbral de mi casa, el contador se ha puesto a cero de forma automática. Me despierto debiéndole otra vez mi existencia al mundo.