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sábado, 5 de abril de 2025

Meþafora La piel sin escudo



Introducción personal

A veces siento que voy por el mundo como si no tuviera piel. Como si algo tan cotidiano como una conversación ligera o una mirada fugaz pudiera atravesarme por completo. No es que los demás me hagan daño a propósito; es que yo lo siento todo… demasiado.

 Y es que hay algo en mí, una especie de sensibilidad emocional que no se apaga nunca. Es como vivir con un radar encendido todo el tiempo, captando lo que otros quizás ni perciben: un gesto tenso, una pausa incómoda, un tono apenas distinto. Lo noto todo. Y eso me descoloca. Porque cuando alguien desvía la mirada, frunce un poco el ceño o su voz cambia sutilmente, yo ya estoy interpretando que he hecho algo mal. Aunque no haya pasado nada. 

 Esta sensibilidad no es solo notar lo de fuera. También me hace sentir más profundamente por dentro. Si alguien está triste o molesto, lo siento casi como si fuera mi propio estado. Es una empatía que me desborda. Y vivir así es agotador. Porque lo que para otra persona puede pasar desapercibido, a mí me atraviesa. Me deja pensando, dándole vueltas, sintiéndolo durante horas o días. 

 La sensibilidad emocional no es una debilidad, pero en convivencia con la fobia social se convierte en una lucha constante. Porque no es solo sentir mucho, es sentir mucho y tener miedo de no estar a la altura, de ser juzgada, de decepcionar. Entonces todo se amplifica. Una mirada neutra se convierte en amenaza, un comentario ambiguo en crítica, un silencio en desaprobación. 

 La metáfora: la piel sin escudo


 Imagínate que vas por la vida sin epidermis, sin esa capa que te protege del sol, del viento o de los roces. Cada pequeño estímulo es una herida. Una palabra mal dicha, una ceja levantada, un silencio inesperado... todo escuece, arde, deja marca. No porque seas débil, sino porque estás en carne viva. 

 Así se siente la sensibilidad emocional en la fobia social: como tener una piel emocional sin escudo. Percibes los matices de cada conversación, captas las microexpresiones, el tono sutil, los cambios imperceptibles en la energía de una sala. Pero esa capacidad no te fortalece : te agobia. Porque no solo lo ves, lo absorbes. Y si lo que captas es juicio, incomodidad o rechazo —real o imaginado—, el dolor es inmediato y profundo. 

 Reflexión final

La piel sin escudo no es solo una fragilidad: también es una forma intensa de estar en el mundo. Ver más allá de lo evidente, conectar con lo emocional, sentir profundamente… puede ser un don en muchas circunstancias. Pero cuando esa sensibilidad se cruza con el miedo al juicio, se vuelve una carga pesada.

 Ojalá nos enseñaran a cuidar esa piel invisible, a poner límites sin endurecernos, a protegernos sin desconectarnos. Porque sí, somos vulnerables. Pero también profundamente humanos.



Pongo esta entrada donde estudio mi especial sensibilidad y la posible relación con la fobia social Persona altamente sensible y fobia social