--- --- 🔹

COMPARTIR

miércoles, 7 de enero de 2026

4



SECCIÓN: CÓMO APRENDIMOS A SER ASÍ


Relacionarse como si fuera un examen

A medida que la vigilancia y el control se hacen constantes, las relaciones dejan de sentirse naturales. Dejan de ser encuentros para convertirse en pruebas.

Cada conversación, cada gesto, cada risa o silencio se percibe como una evaluación:
“¿Estoy diciendo lo correcto?” “¿Me verán raro?” “¿Estoy a la altura?”

Es como estar constantemente frente a un tribunal invisible. No importa quién esté delante: familiares, amigos, compañeros. El juicio anticipado ya está dentro de nosotros.

Se aprende a preparar cada interacción:

  • medir lo que se dice
  • medir cómo se dice
  • anticipar reacciones
  • evitar errores

Al principio parece lógico, incluso útil. Evita conflictos, evita vergüenzas. Pero con el tiempo se vuelve agotador.

Estar con otros deja de ser disfrute y pasa a ser rendimiento. No importa lo que sintamos: lo que importa es no fallar. Y cuanto más tratamos de no fallar, más nos sentimos atrapados.

En mi caso, yo siempre estaba en el objeto de evaluación, de referencia. Aún con mi control y bajando el nivel, seguía siendo la mayor, y eso tenía su peso propio.
Cuando nos alejábamos del barrio, las madres dejaban ir a las niñas solo si iba yo. Eso me ponía aún más en su punto de mira… y a veces hasta provocaba admiración.


Pero, al mismo tiempo, me alejaba de mi objetivo: no ser evaluada. Porque cualquier fallo, por pequeño que fuera, se veía más que el de cualquiera. Cada error mío destacaba, cada gesto quedaba expuesto, y eso pesaba más que cualquier juego o interacción.

¿Alguna vez has sentido que tus relaciones son un examen que no puedes suspender?” o “¿En qué momento dejaste de disfrutar para empezar a rendir?