SECCIÓN: CÓMO APRENDIMOS A SER ASÍ
Después de tanta vigilancia y tensión, encontré una forma de alivio: evitar.
Pasar días o semanas sin salir de casa era un respiro. Un momento en el que no había miradas ajenas, ni juicio, ni riesgo de equivocarme. Solo podía ser yo, sin tener que demostrar nada ni cumplir expectativas.
Salir volvía a ser un desafío, así que esos períodos de aislamiento eran necesarios. Me daban aire, espacio y tiempo para recuperar fuerzas.
Evitar no resolvía nada de fondo, pero daba un alivio real y necesario. Era mi forma de respirar, aunque fuera solo un rato, mientras aprendía a convivir con la tensión de estar en el mundo.
