Introducción personal
No sé cuántas veces he sentido que avanzaba sobre terreno inestable. Que me atrevía a hablar, a salir, a pedir algo... y, de repente, la inseguridad me hacía tambalear. Como si el suelo que pisaba no fuera firme, sino una capa fina de hielo que podría quebrarse con cualquier palabra mal dicha o gesto fuera de lugar.
Metáfora explicada
La fobia social, para mí, es como caminar sobre hielo frágil. Cada paso es una decisión tensa. No sé si aguantará. No sé si diré algo que lo rompa. El hielo simboliza ese miedo constante a “caer”: al juicio, a la vergüenza, a la exposición. Aunque a veces me atreva a caminar, nunca lo hago relajada. Voy con cuidado extremo, sin moverme demasiado, sin dejar ver demasiado. Porque cualquier movimiento en falso puede romper la superficie y dejarme sumida en el pánico, como si me hundiera en un lago helado.
Lo más duro es que para los demás no hay hielo. Ellos caminan como si estuvieran en suelo firme, sin esfuerzo, sin miedo. Y yo, en cambio, vivo con la tensión de estar siempre al borde de una caída invisible. Incluso en los momentos en que logro sentirme un poco más segura, el hielo sigue ahí, recordándome que no puedo confiar del todo en el suelo que piso.
Reflexión final
Con fobia social, hasta lo más sencillo puede sentirse arriesgado. No porque no lo deseemos, sino porque el terreno bajo nuestros pies no es el mismo. Es frágil, resbaladizo, frío. Pero sigo avanzando. A veces me detengo, a veces retrocedo, pero sigo aquí. Y eso, en sí mismo, ya es un acto de valentía.
