Después de transitar por el "Espejo Deformado" o la "Grieta Invisible", me doy cuenta de que el problema no es solo lo que siento, sino el aislamiento de sentirlo a solas. Es como vivir en una casa donde los muebles cambian de sitio cuando cierro los ojos.
Lo que ocurre dentro de mí no tiene testigos. La "intolerancia a la incertidumbre" no es solo miedo al futuro, es la necesidad de ponerle clavos al suelo para que no se mueva. Entiendo ahora que mi mundo interior no es un lugar tranquilo, sino un "escenario en constante vibración".
Antes de intentar salir, tengo que reconocer que el mapa que llevo en la mano está dibujado con mis propios miedos.

