MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA PARECER NORMAL
Parecer una persona normal debería ser una cosa bastante sencilla.
En teoría.
Entras en un sitio.
Miras.
Saludas.
Te sientas.
Hablas cuando corresponde.
Y ya está.
El problema es que, cuando tienes fobia social, algunas de esas cosas tan sencillas pueden convertirse en un pequeño ejercicio de ingeniería.
Y ahí empieza el manual.
PRIMERA INSTRUCCIÓN: ENTRAR COMO SI NADA
Hay que entrar con naturalidad.
No demasiado rápido, porque parecería que tienes prisa.
No demasiado despacio, porque parecería que no sabes adónde vas.
La mirada debe dirigirse hacia algún lugar que tenga sentido.
Ni mirar fijamente a todo el mundo ni bajar la cabeza como si estuvieras buscando una moneda en el suelo.
Y, por supuesto, hay que intentar no pensar en todo esto mientras estás entrando.
Fácil.
Primera página del manual y ya tenemos trabajo.
SEGUNDA INSTRUCCIÓN: LAS MANOS
Las manos también tienen su protocolo.
¿Dónde se ponen?
Si llevas bolso, estupendo. El bolso puede convertirse en un elemento de apoyo bastante útil.
Si llevas el móvil, también.
Si no llevas nada, empieza el problema.
Puedes dejarlas quietas.
Puedes cruzarlas.
Puedes meter una en el bolsillo.
Puedes hacer algo con ellas.
Pero hay que tener cuidado con hacer demasiado con ellas porque entonces puedes empezar a preguntarte si estás haciendo demasiado con ellas.
Y entonces ya no sabes qué hacer con las manos.
Así que lo más recomendable es actuar con absoluta naturalidad mientras decides cuál es la posición más natural para tus manos.
TERCERA INSTRUCCIÓN: MIRAR A LOS DEMÁS
Aquí el manual se complica.
Hay que mirar a las personas cuando hablan.
Pero no demasiado.
Porque si miras demasiado puede parecer raro.
Y si miras demasiado poco también.
Así que hay que encontrar una cantidad adecuada de mirada.
Una especie de punto medio.
Miras.
Apartas la mirada.
Vuelves a mirar.
Todo aparentemente normal.
Lo que nadie sabe es que, mientras tanto, en tu cabeza puede estar funcionando una pequeña central de control:
¿Estoy mirando demasiado?
¿Estoy mirando poco?
¿Ahora toca mirar?
¿Ya puedo apartar la mirada?
Probablemente la otra persona no está pensando absolutamente nada de eso.
Pero tú sí.
CUARTA INSTRUCCIÓN: SALUDAR
Saludar parece todavía más fácil.
Hola.
Buenos días.
¿Qué tal?
Tres palabras y asunto resuelto.
Bueno.
Excepto por la pequeña cuestión de decidir cuándo exactamente hay que decirlas.
Porque si saludas demasiado pronto, quizá la otra persona todavía no te ha visto.
Si saludas demasiado tarde, quizá ya has pasado de largo.
Y si te encuentras con alguien conocido a una distancia intermedia, aparece ese momento extraño en el que los dos sabéis que os habéis visto pero ninguno sabe todavía quién va a saludar primero.
Un verdadero duelo social.
Gana el más rápido.
QUINTA INSTRUCCIÓN: HABLAR
Hablar también tiene sus normas.
Hay que decir algo.
Pero no demasiado.
Hay que intentar que resulte interesante.
Pero sin esforzarse demasiado por resultar interesante.
Hay que responder.
Pero tampoco dar una explicación de quince minutos para contestar una pregunta de tres palabras.
Y, sobre todo, hay que intentar no pensar en que estás hablando mientras estás hablando.
Porque en cuanto empiezas a vigilar cómo estás hablando, la conversación deja de ser una conversación y empieza a parecer un examen oral.
¿Qué estoy diciendo?
¿Tiene sentido?
¿Estoy hablando demasiado?
¿Estoy hablando demasiado poco?
¿Ha sido una respuesta rara?
¿Ahora tengo que añadir algo?
Y mientras tú estás haciendo todo ese trabajo interno, la otra persona probablemente solo estaba hablando contigo.
SEXTA INSTRUCCIÓN: SABER QUÉ HACER CUANDO NO ESTÁS HACIENDO NADA
Esta es importante.
Porque hay momentos en los que no tienes que hacer absolutamente nada.
Esperar.
Estar sentado.
Estar de pie.
Escuchar.
Y resulta que tampoco es tan sencillo.
Hay que parecer cómodo estando ahí.
No mirar constantemente el reloj.
No sacar el móvil cada diez segundos.
No cambiar de postura veinte veces.
No parecer que estás esperando una señal para escapar.
En resumen: hay que estar sin hacer nada, pero haciéndolo de una manera que parezca completamente normal.
Una habilidad aparentemente inútil que puede requerir bastante entrenamiento.
SÉPTIMA INSTRUCCIÓN: NO COMPROBAR SI LO ESTÁS HACIENDO BIEN
Aquí aparece una de las partes más difíciles del manual.
Porque todas las instrucciones anteriores tienen una cosa en común:
si estás pensando constantemente en ellas, ya no parecen naturales.
Y entonces ocurre la paradoja.
Intentas parecer natural.
Te observas para comprobar si estás pareciendo natural.
Te das cuenta de que te estás observando.
Intentas dejar de observarte.
Te das cuenta de que estás intentando dejar de observarte.
Y, para cuando terminas, ya no sabes ni cómo estabas sentado.
Mientras tanto, desde fuera, probablemente no ha ocurrido nada.
Nadie ha visto el manual.
Nadie sabe que existe.
Nadie sabe que acabas de pasar por una especie de simulador social invisible para conseguir algo que para los demás parece automático.
EL MANUAL QUE NADIE VE
Quizá esa sea la parte más curiosa.
Hay personas que hacen todas estas cosas sin pensar demasiado en ellas.
Entran.
Saludan.
Hablan.
Miran.
Se sientan.
Se levantan.
Se van.
Y ya está.
Para alguien con fobia social, algunas de esas pequeñas acciones pueden tener todo un manual detrás.
Un manual que nadie ha escrito.
Que nadie puede ver.
Y que, además, cambia según el lugar, las personas y el día.
Lo más divertido es que el objetivo final de todo este esfuerzo suele ser bastante modesto:
que parezca que no estás haciendo ningún esfuerzo.
Manual completado con éxito.
Has entrado, has saludado, has hablado, has puesto las manos donde correspondía y has conseguido parecer completamente normal.
Nadie se ha dado cuenta de nada.
Perfecto.
Solo queda cerrar el manual y descansar un rato después de haber hecho algo que, desde fuera, parecía no tener ninguna dificultad.