. . Entender la fobia social

jueves, 12 de marzo de 2026

6. Recibir críticas


Cosas cotidianas del día a día: aquellas pequeñas cosas que no se ven

Recibir críticas

Recibir críticas o correcciones puede parecer algo normal, parte del día a día. Pero cuando tienes fobia social, ese momento se transforma en una fuente de ansiedad constante. A veces, incluso antes de que nadie diga nada, ya estoy anticipando que vendrá algo negativo, y empiezo a ponerme en tensión. Me adelanto mentalmente a posibles comentarios y me imagino lo peor, aunque no haya ningún motivo real.

No es solo que me cueste aceptar una crítica; es que la vivo como un ataque a mi persona. Me cuesta mucho separar lo que hago de lo que soy. Si me dicen que algo está mal, no lo interpreto como “esto puede mejorarse”, sino como “he fallado como persona”. Es automático. En lugar de pensar en soluciones o aprender de lo que me dicen, me hundo, me bloqueo o empiezo a disculparme sin parar, aunque no tenga sentido.

También me pasa que, mientras me están hablando, dejo de escuchar el contenido y me centro solo en el tono, en los gestos, en si suena molesto o decepcionado. Me pongo alerta a cualquier señal que pueda indicar que están enfadados conmigo o que ya no confían en mí. Muchas veces, esa interpretación no tiene nada que ver con lo que realmente han dicho, pero mi mente ya ha hecho el daño.

Después de recibir un comentario o corrección, me quedo enganchada. Le doy vueltas durante horas, incluso días. Repito la frase exacta en mi cabeza, pienso en cómo tendría que haber reaccionado o en si habré quedado mal. Aunque me digan que no es para tanto, yo sigo sintiendo que he decepcionado, que ya no me verán igual, que no estuve a la altura.

Por eso, muchas veces prefiero no preguntar, no pedir opiniones o no exponer nada que pueda ser valorado. Me protejo, aunque eso signifique cerrarme y perder oportunidades. Pero es que, para mí, recibir retroalimentación no es un simple comentario: es una situación que remueve por dentro, que despierta inseguridad, culpa y miedo al rechazo. Y vivirlo así, cada vez, desgasta mucho.