Cosas cotidianas del día a día: aquellas pequeñas cosas que no se ven
Poner límites: decir no
Decir “no” parece algo simple, pero cuando se vive con fobia social puede convertirse en un reto enorme. En mi caso, me encuentro atrapada entre lo que quiero y lo que temo. Quiero negarme, pero el miedo a quedar mal, a que piensen que soy egoísta o a generar un conflicto, me paraliza.
Una situación tan cotidiana como que alguien me pida un favor se convierte en un examen. En lugar de responder con naturalidad, empiezo a darle vueltas: ¿qué pasará si me niego?, ¿se enfadará conmigo?, ¿me juzgará? Esa tensión hace que muchas veces acabe aceptando cosas que no quiero hacer, solo por evitar la incomodidad de afirmarme.
Esto no solo desgasta, también alimenta la sensación de no tener control sobre mi vida. La fobia social coloca un obstáculo incluso en las interacciones más pequeñas, y cada “sí” forzado refuerza la idea de que no sé defender mis propios límites.
Trabajar en afirmarse no significa volverse duro o insensible, sino aprender a expresar lo que uno quiere y necesita sin sentirse culpable. Es un proceso lento, pero reconocer esta dificultad ya es un primer paso para empezar a cambiarla.
Ya traté esta situación con humor en ver versión divertida de poner límites, pero aquí quiero mostrar cómo se vive realmente con fobia social.

