EL BOICOT DE LA FOBIA SOCIAL: ( I I )
LA TRAMPA DE UN BUEN DÍA
Imagina que vas a una comida de trabajo o a una cita. Esta vez ocurre algo extraño: estás relajado. Haces algún comentario divertido, estás rápido de respuesta, la conversación fluye y notas que los demás disfrutan de estar contigo.
Sales de allí y, aparentemente, todo ha ido estupendamente.
Pero cuando llegas a casa no aparece la satisfacción que cabría esperar. Aparece otra cosa: un peso en el pecho y una preocupación que empieza a crecer.
Tu mente empieza a hacer cuentas.
«He estado demasiado bien.»
«Ahora esperarán que vuelva a ser así.»
«La próxima vez se darán cuenta de que no soy así siempre.»
Y lo que durante unas horas había parecido un éxito empieza a convertirse en una obligación.
¿De dónde salen esos días buenos?
La fobia social es todo un mundo y también puede ser bastante impredecible. No siempre sabes cómo vas a reaccionar ante una situación hasta que estás dentro de ella.
Hay días en los que ocurre algo diferente.
Quizá has tomado una copa de más y estás menos pendiente de ti mismo. Quizá ese día te sientes especialmente cómodo con las personas que tienes delante. Quizá el ambiente es distinto, estás de buen humor o simplemente, por alguna razón, dejas de intentar controlar cada palabra, cada gesto y cada respuesta.
Y entonces te dejas llevar.
La conversación fluye. Haces bromas. Dices lo primero que se te ocurre. Respondes con naturalidad. Hasta puedes sorprenderte de ti mismo.
No estás interpretando a otra persona.
Esa capacidad también está en ti.
Lo que ocurre es que, habitualmente, la ansiedad intenta protegerte manteniéndote alerta. Vigila lo que dices, cómo lo dices, cómo te miran y qué impresión estás causando.
Y cuando ese mecanismo de protección se relaja, aunque sea durante unas horas, aparece una parte de ti que siempre estuvo ahí.
Por eso esos días pueden resultar tan desconcertantes.
Porque demuestran que puedes hacerlo.
Y precisamente por eso pueden convertirse después en una trampa.
El éxito convertido en examen
La próxima vez que vuelves a ver a esas personas, ya no sientes que simplemente vas a encontrarte con ellas.
Sientes que tienes que repetir aquella versión de ti mismo.
El buen momento anterior ha creado unas expectativas que quizá solo existen en tu cabeza, pero que se sienten completamente reales.
Ahora ya no basta con estar allí. Hay que volver a ser divertido, rápido, interesante, espontáneo. Hay que conseguir que la conversación vuelva a fluir. Hay que demostrar que aquello no fue casualidad.
Lo que para otra persona sería simplemente un buen día, para ti puede convertirse en el nuevo nivel que crees que tienes que alcanzar.
Y ahí empieza el problema.
Porque ya no estás pensando:
«Qué bien lo pasé aquel día.»
Estás pensando:
«¿Y si la próxima vez no soy capaz?»
El boicot como mecanismo de defensa
Y entonces puede aparecer el boicot.
Empiezas a contestar más tarde a los mensajes. Buscas una excusa para no volver a quedar. En el siguiente encuentro adoptas una actitud más distante. Hablas menos, participas menos, dejas pasar alguna oportunidad de conectar.
No porque no te haya gustado estar con esas personas.
Precisamente porque te gustó demasiado y ahora existe el miedo a no poder repetirlo.
El razonamiento puede ser sencillo: si bajas el nivel a propósito, también bajas las expectativas.
Es preferible que piensen que eres aburrido, reservado o poco sociable a vivir con el terror constante de defraudar unas expectativas que tú mismo crees haber creado.
De esta manera consigues algo que la ansiedad considera muy valioso: recuperar el control.
La tranquilidad de bajar el listón
Al final, este boicot busca algo muy simple: seguridad.
El éxito social genera una responsabilidad que la ansiedad cree que no puedes gestionar. Mantenerte en un perfil bajo, en cambio, reduce el riesgo de tener que estar a la altura de nada.
Así, paradójicamente, puedes llegar a sentirte más tranquilo después de una interacción mediocre que después de una extraordinariamente buena.
Porque no tienes que repetirla.
Y quizá ahí esté una de las trampas más crueles de la fobia social.
No solo huyes de lo que sale mal.
A veces también puedes huir de lo que sale bien.
Porque aquel día no fuiste una persona diferente.
Simplemente dejaste de protegerte durante un rato.
La capacidad estaba ahí.
Lo que normalmente buscas no es ser extraordinario.
Buscas estar a salvo.
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DISIMULANDO LA FOBIA SOCIAL Y EL MIEDO
Ejemplo de conversación con fobia social
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