. . Entender la fobia social

domingo, 12 de febrero de 2023

El.placer de dormir


El refugio de la habitación cerrada



Pocas personas se identificarán con lo que hoy contaré, pero esta soy yo. Ya conté por aquí que tenía unas costumbres del sueño muy inadecuadas, me levantaba a las 4 o 5 de la mañana a comer un pequeño desayuno —una fruta y un trozo de pavo frío— y luego volvía a la cama, por suerte quité esa manía cuando me accidenté la pierna y no me podía mover. Por entonces me acostaba a las 8, hora catalogada como enfermiza; ya no digo la hora a la que me acuesto ahora porque sería de locos, y me da vergüenza, solo decir que me despierto a la 1 y ya no suelo poder dormir más. Pasadas esas horas a las que me acuesto, aún de día, siento como un sufrimiento, me siento enferma, todo me duele, la tv me agobia y me cansa y cuando al fin me voy siento una alegría grande y mucha paz. Me acurruco en mi edredón, bien calentita y me duermo enseguida, tomo pastillas para dormir.

El pulso con los fármacos

Mi psiquiatra me dio unas indicaciones que no voy a seguir: que no me fuera a esas horas, que diera una paseo por la tarde y que no tomara las pastillas tan pronto. Ya tengo que empezar a dejarlas, me ha dicho, poco a poco. Eso no me da miedo; dejé el fentanilo por los dolores de espalda al romperme una vértebra, que es 10 veces más fuerte que la morfina, supongo que el lorazepam no será tan difícil. También me dijo que la próxima vez que fuera a visitarla me daría otra cosa más, pastilla; aluciné porque ya me da dos antidepresivos diferentes, dice que será poca cosa, pero en ella confío, no como en mi psicóloga.

¿Gente como yo?

Me han ofrecido una terapia grupal; se lo dijeron a mi marido que era para gente como yo. ¿Y cómo soy yo? Me pregunto. Ya experimenté una terapia de grupo sobre agorafobia. El primer día éramos unos cuantos, pero en dos días nos quedamos tres. Sí que me haría gracia ir, a ver si es verdad que son como yo, jejeje. Además es una vez por semana, no como la psicóloga una vez cada dos meses, pero he dicho que no. No quiero tener esa obligación semanal, esa exposición, tanto por agorafobia como por mis circunstancias físicas.

El límite del cuerpo

He observado que aunque se me han ido las fiebres del verano, vuelvo a casa con fiebre si estoy mucho rato al sol, aunque haga frío, y si hago algún esfuerzo; para mí andar 800 m es un esfuerzo. Por eso también me da miedo salir a la calle, porque no sé cuánto podré andar. En fin, mi vida es sufrimiento, salvo cuando me voy a dormir y cierro la puerta de mi habitación.