. . Entender la fobia social : Cuando la amabilidad se siente como un favor inmerecido

miércoles, 4 de febrero de 2026

Cuando la amabilidad se siente como un favor inmerecido

 

A veces, cuando alguien es amable conmigo, en lugar de sentirme bien, me invade una sensación extraña, como si no supiera cómo encajarlo.

No es que no me guste la amabilidad, pero una parte de mí no la percibe como algo natural, sino como un esfuerzo que la otra persona está haciendo por compromiso o por lástima. 

 Si alguien me sonríe, me pregunto si es porque realmente le caigo bien o si simplemente está siendo educado.

 Si alguien me hace un cumplido, me cuesta creer que lo diga en serio y no solo para rellenar la conversación. 

Si alguien me incluye en un plan, mi primera reacción no es alegrarme, sino dudar: ¿De verdad quieren que vaya o solo lo dicen por no excluirme?

 Es una sensación incómoda, porque racionalmente sé que la gente puede ser amable sin segundas intenciones, pero la fobia social me hace verlo de otra manera. Me cuesta aceptar que alguien pueda disfrutar de mi presencia sin que haya un motivo oculto detrás. Y cuando intento forzarme a creerlo, la duda sigue ahí, en el fondo. 

 Lo peor es que esta sensación hace que me comporte de manera extraña. Si alguien es amable conmigo, a veces reacciono con incomodidad, como si me costara aceptar el gesto.

 Otras veces siento que tengo que devolver el favor de inmediato, como si la amabilidad fuera una deuda que no puedo permitirme tener. 

 Me pregunto si esto le pasa a más gente o si es solo otra forma en la que la fobia social me distorsiona la realidad. Porque al final, la amabilidad no debería sentirse como un favor, sino como algo natural.

Pero para mí, a veces, sigue siendo un misterio

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