La habitación sin esquinas
Introducción personal
Hay días en los que me gustaría poder acurrucarme en una esquina, literal o figuradamente. Apoyarme en un rincón, darme la vuelta, y desaparecer un poco del mundo. A veces, incluso cuando no hay nadie observando, siento que no tengo un espacio propio donde quedarme tranquila. Como si mi mente se quedara atrapada en una especie de habitación sin esquinas.
La metáfora explicada
Me imagino así: en una sala blanca, redonda, sin bordes donde apoyarme. Todo es visible. No hay sombra ni resguardo. Da igual hacia dónde mire, siento que estoy en el centro. No tengo un lugar donde esconderme, ni un ángulo muerto donde poder relajarme.
• Foco interno: La fobia social convierte incluso el silencio en algo punzante.
• Alerta continua: Como si no tuvieras derecho a desaparecer un momento.
• Exposición constante: Da igual si estás rodeada de gente o anticipando una conversación.
Estoy ahí, en medio, sostenida únicamente por el esfuerzo de disimular que me cuesta, que me agota, que me da miedo.
Reflexión final
Pienso que si existiera una esquina mental, podría meterme allí y respirar. Pero la fobia social borra esos márgenes. A veces, solo quiero construir una esquina. Aunque sea imaginaria. Un lugar donde poder ser sin explicar, sin agradar, sin rendirme cuentas. Solo estar.

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