LO QUE LA ANSIEDAD OCULTA
Sentir que todos juzgan gestos o decisiones mínimas de la vida diaria: cómo caminas, qué compras, cómo te mueves.
Es en las cosas cotidianas donde más noto esa intensidad y esa fragilidad. Ese “tierra, trágame”. Ese no querer existir.
Me siento expuesta aunque no lo esté realmente. Pero basta con la posibilidad. Por ejemplo, en un supermercado. Si se me cae algo, siento el foco encima, aunque cada uno esté a lo suyo.
Me pasa también cuando camino por la calle con gente alrededor. Parece que se me olvida caminar.
Y también cuando estoy cerca de personas del sexo opuesto. Sé que muchas veces observan de forma diferente. Y yo empiezo a pensar si daré la talla o no. Solo imaginar que pueden estar sacando conclusiones me desarma.
Es estar al lado de un chico y deshacerme por dentro.
Esa violencia interna. Ese querer desaparecer. Eso es lo que peor llevo de la fobia social.

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