CUANDO LA FOBIA SOCIAL NO TENIA NOMBRE
THOMAS JEFFERSON: EL ARTE DE LIDERAR DESDE LA TRINCHERA DEL SILENCIO
Thomas Jefferson es uno de esos personajes históricos que obligan a separar dos cosas que normalmente damos por hechas: liderar y exponerse.
Fue uno de los hombres más influyentes de la historia política de Estados Unidos. Redactó la Declaración de Independencia, fue vicepresidente y llegó a ser el tercer presidente del país.
Y, sin embargo, hay algo bastante peculiar en su relación con la exposición pública.
Jefferson no destacó como orador.
No era conocido por sus discursos brillantes ni por su capacidad para conquistar una sala hablando. De hecho, la documentación conservada en Monticello señala que, como joven abogado, era respetado por sus conocimientos jurídicos, pero no por sus dotes de oratoria.
John Adams llegó a contar que nunca había oído a Jefferson pronunciar tres frases seguidas en público.
Pero lo verdaderamente interesante no está en lo que otros dijeron de él.
Está en lo que Jefferson dijo de sí mismo.
«Mi gran deseo es cumplir silenciosamente con mi deber»
En marzo de 1789, mientras se encontraba en París como diplomático, Jefferson escribió una carta a su amigo Francis Hopkinson.
«Mi gran deseo es seguir cumpliendo estricta pero silenciosamente con mi deber: evitar llamar la atención y mantener mi nombre fuera de los periódicos, porque encuentro que el dolor de una pequeña censura, incluso cuando es infundada, es más intenso que el placer de muchos elogios.»
Esta es probablemente la cita más importante de todo el artículo.
Porque aquí ya no estamos interpretando desde el presente el comportamiento de Jefferson.
Lo está explicando él mismo.
No habla de miedo al público.
No dice que sea incapaz de relacionarse.
Habla de otra cosa: de su deseo de no atraer atención, de mantenerse fuera de los periódicos y de su particular sensibilidad ante la crítica.
Y añade una frase todavía más significativa:
«Lo atractivo de mi actual cargo es que puedo desempeñar sus funciones sin ser visto por aquellos para quienes se realizan.»
Es una idea muy característica de Jefferson: hacer el trabajo sin necesidad de ocupar permanentemente el centro de la escena.
No era silencio: era otra forma de intervenir
Aquí es donde su historia se vuelve mucho más interesante.
Porque sería demasiado sencillo convertir a Jefferson en un hombre que simplemente «huía» de la exposición.
No fue así.
Participó activamente en la vida política de su país, escribió, debatió, ocupó cargos públicos y terminó siendo presidente.
Lo que encontramos es algo más específico:
Jefferson parecía sentirse mucho más cómodo ejerciendo influencia mediante la escritura que mediante la exposición oral.
Y eso tuvo incluso una consecuencia institucional.
Cuando llegó a la presidencia, decidió no acudir personalmente al Congreso para pronunciar el tradicional mensaje anual y optó por enviarlo por escrito.
En diciembre de 1801 envió su primer mensaje por escrito, a través de su secretario Meriwether Lewis, y mantuvo esa práctica durante toda su presidencia. La tradición no cambió hasta 1913, cuando Woodrow Wilson volvió a dirigirse personalmente al Congreso.
Ahora bien, aquí tengo que ser rigurosa
Es muy tentador decir:
«Jefferson hizo esto porque tenía miedo de hablar en público».
Pero no podemos afirmarlo como un hecho.
El propio Jefferson dio otra explicación.
En una carta a Benjamin Rush explicó que enviar el mensaje por escrito permitía al Congreso ponerse a trabajar inmediatamente, en lugar de dedicar días a responder a un discurso presidencial.
Es decir: la elección podía tener una ventaja política y práctica, además de encajar perfectamente con su preferencia personal por la comunicación escrita.
Incluso cuando tuvo que hablar, lo hizo
Hay una escena que resume perfectamente la paradoja.
El 4 de marzo de 1801, Jefferson se convirtió en presidente de Estados Unidos.
Había casi mil personas en la sala.
Llegó el momento de pronunciar su discurso inaugural.
Y comenzó así:
«Amigos y conciudadanos…»
Pero, según el testimonio conservado por Monticello, lo hizo «casi en un susurro».
Otro testimonio señaló que el discurso fue pronunciado en un tono tan bajo que apenas podía oírse.
Y, sin embargo, aquel hombre que apenas se hacía oír estaba inaugurando su presidencia.
Ahí está la paradoja.
No necesitaba convertirse en un gran orador para convertirse en un gran líder.
Su influencia podía viajar por otro canal.
La escritura como espacio de control
Jefferson era un escritor extraordinariamente prolífico.
Y su relación con la palabra escrita le permitía algo que la conversación pública no siempre ofrece:
tiempo para pensar.
Podía construir una frase, revisar una idea, argumentar, responder y decidir exactamente qué quería decir.
No sabemos hasta qué punto esto era una estrategia consciente para compensar su dificultad como orador.
Pero sí se sabe que él mismo valoraba enormemente la posibilidad de actuar sin estar constantemente expuesto.
Y eso aparece de nuevo en aquella carta de 1789.
Su frase sobre el deseo de «evitar llamar la atención» no es una ocurrencia aislada: la documentación editorial de los Jefferson Papers recoge otras expresiones similares, como su deseo de «deslizarse inadvertido» mientras cumplía silenciosamente con su deber.
La imagen que aparece no es la de un hombre que no quisiera participar.
Es la de alguien que prefería que su participación no necesitara convertirse en espectáculo.
Lo interesante de Jefferson no es diagnosticarlo
Y aquí tenemos que detenernos.
Hoy podemos leer algunas de estas conductas y reconocer cosas que nos resultan familiares: incomodidad ante la exposición, sensibilidad a la crítica, preferencia por escribir antes que hablar, deseo de pasar desapercibido.
Pero no podemos convertir retrospectivamente a Jefferson en una persona con fobia social.
No sabemos que la tuviera.
Y, además, su trayectoria demuestra que podía desempeñar responsabilidades públicas enormes.
La cuestión interesante es otra.
Que incluso una persona capaz de llegar hasta la presidencia puede tener una relación muy particular con la exposición, con la crítica y con la necesidad de ocupar el centro de una sala.
Jefferson encontró una manera de participar intensamente en el mundo sin necesitar que su presencia física y su voz fueran siempre el vehículo principal de esa participación.
Y quizá ahí está la parte más interesante de su historia.
No siempre hay que confundir visibilidad con influencia.
Jefferson quería influir.
Lo que no parecía querer era ser constantemente observado mientras lo hacía.
Y eso es bastante diferente.
Una última paradoja
El hombre que quería mantener su nombre fuera de los periódicos terminó convirtiéndose en uno de los nombres más conocidos de la historia de Estados Unidos.
El hombre que prefería cumplir su deber «silenciosamente» terminó ocupando uno de los cargos más visibles del país.
Y el hombre cuya voz apenas podía escucharse durante su primera investidura terminó dejando algunas de las palabras políticas más conocidas de la historia estadounidense.
Quizá por eso Jefferson resulta tan interesante para esta serie.
Porque demuestra que una persona puede tener dificultades o preferencias muy concretas respecto a la exposición pública y, aun así, encontrar otras vías para hacerse escuchar.
No siempre hace falta hablar más alto.
A veces basta con encontrar el canal en el que uno puede expresarse mejor
DOCUMENTACIÓN Y FUENTES
1. Founders Online — Thomas Jefferson a Francis Hopkinson, 13 de marzo de 1789.
Carta primaria de Jefferson en la que explica directamente su deseo de cumplir silenciosamente con su deber, evitar llamar la atención, mantener su nombre fuera de los periódicos y su sensibilidad ante la crítica.
Thomas Jefferson a Francis Hopkinson, 13 de marzo de 1789
2. Monticello — Public Speaking.
Información sobre la relación de Jefferson con la oratoria pública, el testimonio de John Adams sobre sus escasas intervenciones orales y su tendencia a evitar hablar en público.
Monticello — Public Speaking
3. Monticello — First Inauguration.
Documentación sobre la primera investidura presidencial de Jefferson en 1801, el ambiente de la ceremonia, el número de personas presentes y los testimonios sobre el tono extremadamente bajo con el que pronunció su discurso.
Monticello — First Inauguration
4. Founders Online — Thomas Jefferson a Benjamin Rush, 20 de diciembre de 1801.
Carta primaria en la que Jefferson explica su decisión de enviar un mensaje escrito al Congreso en lugar de pronunciar un discurso y expone las ventajas prácticas que veía en esa decisión.
Thomas Jefferson a Benjamin Rush, 20 de diciembre de 1801
5. Founders Online — Annual Message to Congress, 1801.
Documentación editorial de los Jefferson Papers sobre la decisión de Jefferson de presentar por escrito su primer mensaje anual al Congreso y sobre la intervención de su secretario Meriwether Lewis en la entrega de las copias.
Annual Message to Congress — Editorial Note
6. Founders Online — First Annual Message to Congress, 8 de diciembre de 1801.
Texto original del primer mensaje anual de Jefferson al Congreso, conservado en los Jefferson Papers. La documentación indica que el manuscrito fue entregado a las dos cámaras por Meriwether Lewis.
First Annual Message to Congress, 8 de diciembre de 1801
7. U.S. Senate — State of the Union.
Información institucional sobre la tradición presidencial: George Washington y John Adams presentaban sus mensajes personalmente; Jefferson estableció en 1801 el precedente de enviarlo por escrito, práctica que se mantuvo hasta que Woodrow Wilson volvió a pronunciarlo en persona en 1913.
U.S. Senate — State of the Union
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