. . Entender la fobia social

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Cuando el corazón se rompe





Entrada especial: Cuando un familiar se va

En estos días mi corazón se ha roto. No se ha parado como hubiera llegado a esperar según mi dolor, porque al final la vida sigue y, quiera o no, todo me empuja a seguir. Acabo por comer, por ver el sol, por reír a ratos recordando algo bonito... también sigues por el apoyo a tu familia, aguantando los unos por los otros. Cuando uno cae, cuidarlo y abrazarlo, hasta que eres tú quien cae y otro te apoya.

Al principio el dolor es tan insoportable que aúllas, pero luego lloras cada vez menos. Las lágrimas quedan en el pecho, en una tristeza profunda, en ansiedad, en un no dormir, en el vacío. Algunos pensarían que ya has pasado lo peor al verte serena, pero es una normalidad que se te exige y vuelve a doler, porque tú necesitas más tiempo.

"La realidad es que ahora empieza lo peor: vivir sin esa persona día tras día, recordándola en todo lo que ves".

Para sobrellevarlo, me he refugiado en mi familia. El mundo no ha parado como hubiera deseado, pero he buscado un mundo particular dentro de ellos, ajeno al movimiento constante. Rodeada de los míos y lejos de mis rutinas, es como si de verdad se hubiera parado.

El refugio de la familia

A veces la fobia social se extiende a la familia, pero no es mi caso. Aquí no hay fobia, estoy en el entorno más seguro, sintiéndome querida y cuidada. Aunque nos falte nuestro pilar y quede coja para siempre, quiero dejar un mensaje: No debemos renunciar nunca a la familia aun cuando creamos que no nos entienden.

Ellos ofrecen un amor incondicional, nos aceptan con nuestros defectos y perdonan nuestros errores. Si ni en ellos podemos confiar, ya no hay nada. Tened paciencia con vuestras familias; algún día faltarán y ya no habrá vuelta atrás.

Sobre mi padre

A él le gustaba lo que estaba haciendo aquí. Estaba orgulloso de que diera visibilidad a la fobia social. Orgulloso de mí con mis miedos, mis rarezas y limitaciones. Él me sabía especial y supo llevarme; sabía lo que decir para aliviar mi sufrimiento psicológico porque él también lo padecía. Esa persona era mi PADRE. Mi Dios en la tierra, que hoy ya no está aquí.

Fragmento de mi carta personal:

“(...) Pienso en tu ya no existencia y no la acabo de comprender. Es como si te hubieses ido de viaje y fueras a volver, pero mi mente aún no consigue verlo. Un día estás aquí y al otro no hay nada. Es como pensar en el infinito; no eres capaz de pensar en esa nada porque la mente no está hecha para eso. Se escapa a la comprensión humana.(...) ”

Te quiero, papi.