El trabajo para una persona con fobia social se siente como estar atrapada en un laberinto sin mapa ni salida. La ansiedad no proviene solo de las interacciones sociales, sino del peso de las expectativas, especialmente de las figuras de autoridad, como jefes o supervisores. Cada tarea, cada correo, cada reunión se convierte en un desafío emocional. En lugar de disfrutar del trabajo, la preocupación constante de si se está a la altura de las expectativas, si se ha hecho lo suficiente o si el más mínimo error podría ser visto como una señal de incompetencia. Este perfeccionismo, alimentado por el temor a la evaluación, crea un entorno aún más difícil para quienes vivimos con fobia social.
Aunque brevemente, lo he experimentado de primera mano. No he conseguido mantener un empleo por mucho tiempo. He trabajado en tres lugares distintos: un mes en una asesoría, por mi diplomatura universitaria (otro tema que explico en el blog que fue horrible )otro mes en una guardería y un año en Camelot Park, donde viví una de mis peores y escasas experiencias laborales.
En la asesoría, tenía que sustituir a una chica de baja por embarazo y ponerme al día en apenas un mes. Me sobrepasaba la presión, las instrucciones ambiguas y el miedo a equivocarme. Salía de allí llorando y sin poder dormir. Para sobrellevarlo, incluso llegué a tomar tranquilizantes, pero ni así conseguí adaptarme. En la guardería, las compañeras me hacían el vacío por ser la nueva y se aprovechaban mandándome tareas que ellas no querían,no tendría porqué haberlas aceptado porque ellas no eran mis jefas , pero con fobia social actúas así y cada jornada se convertía en un reto insoportable. Me había formado como auxiliar de puericultura porque sentía que era mi vocación, trabajar con niños , ellos no juzgan y si les das cariño te lo devuelven con creces .
En Camelot Park, la experiencia fue aún más desagradable. Un día, mientras estaba agachada atando los cordones de los zapatos a un niño, mi jefe, nervioso y alterado, me agarró de la coleta y me tiró hacia arriba mientras me gritaba y daba órdenes de que llamara a un cumpleaños. Fue humillante. Situaciones así reforzaban el sentimiento de que el mundo laboral no estaba hecho para alguien como yo. Debí ponerle en su sitio y decir que así no, pero lo único que hice fue llorar a escondidas . Más tarde , cuando todo se tranquilizó ,me pidió disculpas , pero el mal ya estaba hecho
No necesito más pruebas para saber lo que significa trabajar teniendo fobia social. Es estar en un entorno que constantemente te enfrenta a tus miedos, donde la exigencia y la interacción social son ineludibles. Para algunos, el trabajo es una forma de desarrollo personal y seguridad; para mí, ha sido una fuente inagotable de ansiedad y sufrimiento
La metáfora explicada
Imagina que estás dentro de un laberinto, pero no uno común. Este laberinto está diseñado por tus propios miedos y por las expectativas ajenas. No hay paredes físicas, pero sí hay un peso constante en el aire: el miedo a la evaluación de tu jefe o de aquellos que tienen la autoridad para juzgar tu desempeño. El camino a seguir no es claro, y cada decisión que tomas se ve atravesada por la duda. Las interacciones cotidianas, como enviar un correo importante o realizar una presentación, se convierten en decisiones de vida o muerte, con la sensación de que cualquier error será fatal. Aquí, el perfeccionismo juega un papel clave. La necesidad de hacer todo perfectamente se convierte en una presión diaria, en la que no solo se teme al juicio, sino al fracaso. Los compañeros pueden parecer amenazantes , pero el verdadero peso recae en la evaluación de figuras de autoridad, que parecen tener el poder de definir tu valor profesional.
Reflexión final
Este laberinto no es solo un espacio físico, sino una prisión emocional construida por el miedo al fracaso y el perfeccionismo. Cada tarea se convierte en una montaña que es difícil de escalar, especialmente cuando el estándar de lo "correcto" parece tan alto. El trabajo para una persona con fobia social se convierte en un constante intentar avanzar, buscando la salida, pero encontrando nuevos obstáculos en cada esquina. Es un camino lleno de incertidumbre, donde las evaluaciones constantes, el perfeccionismo y la necesidad de validación son los que marcan cada paso.
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