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sábado, 29 de marzo de 2025

Metàfora : La batería que nadie ve ; El agotamiento social

 


Introducción personal 

A simple vista, estar en un entorno social puede parecer algo inofensivo, incluso fácil. Pero para alguien con fobia social, cada interacción, cada mirada y cada silencio pueden convertirse en un desgaste constante. Este agotamiento no se ve, no deja huellas físicas evidentes, pero está ahí, acumulándose hasta dejarnos sin fuerzas.

 Siempre me ha resultado difícil explicar por qué estar con gente me cansa tanto. Si no he corrido, si no he hecho un esfuerzo físico, si solo he estado ahí… 

 (El cerebro va consumiendo recursos, a pesar de que se trate de una actividad tranquila después llega una sensación de cansancio y de que el cuerpo y la mente necesitan reposo ) 

 ¿Cómo es posible que termine agotada? Pero con el tiempo me di cuenta de que mi energía se gasta de una manera diferente, una que los demás no ven. 

 La metáfora: la batería que nadie ve

Imagina un dispositivo que parece estar en reposo. Desde fuera, no está haciendo nada exigente: la pantalla apenas se ilumina, no reproduce música ni ejecuta ninguna aplicación visible. Pero dentro, su sistema está trabajando sin parar, consumiendo energía a un ritmo acelerado. Los procesos internos, la actividad en segundo plano, todo eso está drenando su batería sin que nadie lo note. Y cuando finalmente se apaga, la gente se sorprende: “Pero si no estabas usando nada”. 

 Así me siento en situaciones sociales. Desde fuera, solo estoy ahí, sin hacer nada aparentemente agotador. Pero por dentro, mi mente está funcionando al máximo: analizando cada gesto, cada palabra, cada silencio incómodo. Intentando no llamar la atención, buscando la respuesta adecuada, midiendo mis reacciones. Todo esto consume mi energía como si tuviera una aplicación invisible drenando mi batería sin descanso. 

 Y cuando finalmente llego a casa, no es un cansancio físico lo que siento. Es un vacío, como si no quedara nada de mí para el resto del día. Y lo peor es que si intento explicarlo, la respuesta suele ser incredulidad: “Pero si no has hecho nada”, como si el gasto de energía solo existiera si puede verse.

 Reflexión final

El agotamiento social en la fobia social es difícil de entender para quien no lo vive. No deja señales visibles, no se puede medir, pero es real. Y la incomprensión que lo rodea lo hace aún más pesado de llevar. No se trata solo de estar en un sitio con gente, sino de todo el esfuerzo invisible que conlleva. Y aunque los demás no lo vean, eso no significa que no exista. Como la batería de un dispositivo que parece estar en reposo, pero que en su interior está gastando energía sin parar.

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