Momentos invisibles de la fobia social
Antes de cualquier cita, cualquier reunión o conversación, paso tiempo en mi cabeza preparando lo que voy a decir. Frases, respuestas posibles. Todo ensayado, repetido, evaluado.
Cuando llega el momento, casi nunca sale como lo planeé. La conversación va por otro lado y todo el esfuerzo queda en nada. No es que no pueda improvisar, es que improvisar da miedo. Es un riesgo donde cada error puede ser juzgado y cada silencio, malinterpretado.
Eso genera frustración. Porque sé que hice todo lo posible para no sentirme fuera de lugar y, aun así, termino agotada y decepcionada conmigo misma.
Desde fuera nadie nota nada, todo parece normal. Pero yo sé cuánto trabajó mi mente solo para sostener unos minutos de interacción. Preparar conversaciones no evita la ansiedad; solo añade otra capa de cansancio que nadie ve.

