2026: CUANDO EL "VISTO" ES EL NUEVO SALÓN: SE SIGUE APRENDIENDO
Hace unas décadas había que enfrentarse a una sala llena de personas, a una llamada telefónica o a hablar delante de un grupo.
Hoy podemos enfrentarnos a una cámara, una videollamada, un mensaje que aparece como «leído», una publicación que puede recibir cientos de miradas o el silencio después de haber enviado algo.
La ansiedad social no ha cambiado necesariamente de mecanismo.
Han cambiado los lugares donde podemos verlo.
EL MUNDO DIGITAL: UN ESCENARIO NUEVO
La llegada de internet y de las redes sociales ha añadido algo que no existía cuando comenzó a estudiarse la fobia social: podemos estar expuestos a los demás incluso cuando estamos físicamente solos.
Una videollamada puede convertirse en una situación de exposición.
Una cámara encendida puede hacer que una persona sea mucho más consciente de su propia imagen.
Y una conversación escrita tampoco está necesariamente libre de ansiedad: podemos pensar durante minutos qué responder, revisar varias veces un mensaje antes de enviarlo o preocuparnos por la interpretación que hará la otra persona.
Son situaciones relativamente nuevas que permiten estudiar cómo aparece el mismo miedo a la evaluación en escenarios que nuestros antecesores sencillamente no podían experimentar.
La investigación ya ha estudiado, por ejemplo, qué ocurre cuando una persona con ansiedad social mantiene una conversación por videollamada y puede verse a sí misma en pantalla. Algunos estudios han encontrado una mayor atención centrada en uno mismo durante estas interacciones. 0
Y estudios más recientes siguen explorando qué ocurre cuando cambia la forma en que vemos nuestra propia imagen y la de los demás durante una interacción online. 1
LA MIRADA DE LOS DEMÁS YA NO TERMINA AL SALIR DE UNA HABITACIÓN
Durante mucho tiempo, una situación social terminaba cuando uno se marchaba del lugar.
Hoy puede continuar después.
Podemos quedarnos pensando en una conversación mientras comprobamos si alguien ha respondido a nuestro mensaje.
Podemos publicar algo y observar quién lo ha visto.
Podemos recibir una respuesta inmediata o, precisamente, ninguna respuesta.
La evaluación social, que antes podía estar limitada a un momento concreto, ahora puede prolongarse mucho después de que la interacción haya terminado.
Eso no significa que las redes sociales hayan creado la fobia social.
Significa que han creado nuevos lugares donde podemos observar el miedo a la evaluación, la anticipación, la preocupación por la opinión ajena y las conductas de evitación.
La investigación también ha encontrado una asociación positiva entre la ansiedad social y el uso problemático de las redes sociales. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 reunió 53 estudios y 59.928 participantes. 2
Eso no permite afirmar que las redes sociales causen fobia social.
Lo que muestra es que se han convertido en otro contexto relevante para estudiar cómo se relacionan la ansiedad social y determinadas formas de uso de la tecnología.
LA TECNOLOGÍA TAMBIÉN PUEDE SER UN REFUGIO
Pero el mundo digital no es solamente un nuevo escenario de exposición.
También permite controlar mucho más la interacción.
Podemos decidir cuándo responder, borrar un mensaje antes de enviarlo, apagar la cámara o comunicarnos por escrito en lugar de hacerlo cara a cara.
Para una persona con ansiedad social, ese control puede resultar muy atractivo.
Y precisamente por eso también puede convertirse en una forma de evitar determinadas situaciones.
El refugio que ofrece la tecnología también puede convertirse en una nueva forma de esconderse de aquello que produce miedo.
Pero tampoco significa que utilizar una aplicación, escribir un mensaje o apagar una cámara sea por sí mismo una conducta de evitación.
La misma herramienta puede facilitar una interacción en un momento y servir para evitarla en otro.
La tecnología puede ser escenario y refugio al mismo tiempo.
CUANDO LA INTERACCIÓN PUEDE CONTINUAR DESPUÉS
Hay otra diferencia curiosa respecto a muchas situaciones sociales del pasado.
En una conversación cara a cara, normalmente sabemos cuándo ha terminado.
En el mundo digital, no siempre existe ese momento tan claro.
Un mensaje puede quedarse esperando una respuesta.
Una publicación puede seguir recibiendo reacciones.
Una conversación puede retomarse horas después.
Y una persona puede volver a mirar lo que escribió, lo que recibió o la reacción de los demás.
La interacción ya no tiene necesariamente un principio y un final tan definidos.
Puede quedarse ahí.
Esperando.
Y esa espera también puede convertirse en otro pequeño escenario de evaluación.
Y AQUÍ LA HISTORIA SIGUE ABIERTA
Cuando se publicó el DSM-III en 1980, la fobia social consiguió por primera vez un lugar propio dentro de una clasificación diagnóstica.
Después, las investigaciones hicieron que aquella primera definición se ampliara y se modificara.
Pero la historia no terminó ahí.
Porque estudiar un trastorno no consiste solamente en escribir una definición y dejarla cerrada para siempre.
También consiste en observar cómo se manifiesta cuando cambian las circunstancias en las que vivimos.
Y las circunstancias han cambiado mucho.
Ahora podemos ser observados desde una pantalla.
Podemos comunicarnos sin estar físicamente juntos.
Podemos saber si un mensaje ha sido leído.
Podemos comprobar quién ha visto una publicación.
Podemos encender o apagar una cámara.
Podemos responder inmediatamente o dejar pasar horas.
Son situaciones que no existían cuando la fobia social empezó a estudiarse como categoría diagnóstica.
Y precisamente por eso también se han convertido en nuevos lugares donde seguir investigándola.
El miedo puede seguir siendo reconocible.
Lo que cambia es el escenario en el que tenemos que vivirlo.
Y quizá esa sea una de las razones por las que todavía seguimos aprendiendo sobre la fobia social.
DOCUMENTACIÓN Y FUENTES
Vriends, N. et al. (2017) — How do I look? Self-focused attention during a video chat of women with social anxiety (disorder)
Estudio que analiza la atención centrada en uno mismo durante conversaciones por videollamada en mujeres con ansiedad social. Consultar en PubMed
Gao, W., Hu, Q. y Xu, Y. (2025) — To focus on a confederate or oneself? Attentional bias and state anxiety in socially anxious individuals during real-time online video calls
Investigación sobre la atención y la ansiedad durante videollamadas en personas con distintos niveles de ansiedad social. Consultar en PubMed
Özhan, N., Graf, E. W. y Garner, M. (2026) — Social anxiety in online social interactions: Examining the effects of self and audience images on anxiety, self-awareness and performance evaluations
Estudio experimental sobre cómo la cámara, la imagen propia y la presencia o ausencia de la imagen de la audiencia pueden influir en la ansiedad y en la valoración posterior de la propia actuación durante interacciones online. Consultar en PubMed
Wu, W., Huang, L. y Yang, F. (2024) — Social anxiety and problematic social media use: A systematic review and meta-analysis
Revisión sistemática y metaanálisis de 53 estudios y 59.928 participantes sobre la relación entre ansiedad social y uso problemático de redes sociales. Consultar en PubMed
Ding, H., Cao, B. y Sun, Q. (2023) — The association between problematic internet use and social anxiety within adolescents and young adults: A systematic review and meta-analysis
Metaanálisis sobre la relación entre el uso problemático de internet y la ansiedad social en adolescentes y adultos jóvenes, con 37 estudios y 36.013 participantes. Consultar en PubMed