. . Entender la fobia social

viernes, 24 de julio de 2026

1. El miedo a lo que podría pasar en un espacio

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El camino de las minas invisibles 

El  miedo a lo que podría pasar en un espacio

Cuando una persona cualquiera entra en una cafetería, en una sala de espera o en un comercio, lo único que ve es un lugar donde sentarse, tomar algo o esperar su turno. Su mente está tranquila. Sin embargo, cuando yo cruzo esa misma puerta, mi cerebro no ve un espacio neutral; ve un lugar lleno de minas invisibles. No estoy pensando en si el café estará rico o si tardarán mucho en atenderme; mi mente se activa de inmediato en modo supervivencia, analizando cada rincón en términos de riesgos y posibles desastres cotidianos.

La arquitectura del riesgo

Entrar en un sitio nuevo requiere una estrategia de guerra silenciosa. Antes de dar tres pasos, mi mirada ya ha escaneado el local de arriba abajo haciéndose preguntas que a cualquiera le parecerían absurdas: "Si me siento en esa mesa del centro, ¿tendré que cruzar todo el locbal desfilando delante de la gente si me suena el móvil?", "¿esta silla cojea y hará un ruido espantoso si me muevo?", "¿dónde está la salida más rápida por si me agobio y tengo que huir?".

No es miedo a la gente en sí; es pánico a la configuración del espacio y a lo que podría pasar en él. Sentarse de espaldas a la puerta me hace sentir desprotegida, pero sentarse de cara a todo el mundo me obliga a sostener la mirada de desconocidos. Al final, elegir una simple silla se convierte en un examen de alta presión.

Vivir esquivando explosivos

Lo más agotador de este camino mental es la tremenda soledad que produce. Estás ahí, intentando parecer una clienta normal que toma un té o lee algo en el teléfono, pero por dentro llevas el peso de estar esquivando cables invisibles. Sabes perfectamente que si te equivocas de camino al baño o si tropiezas con una pata de la mesa, la mina va a estallar en forma de miradas, atención y calor subiendo por el cuello.

Vivir con fobia social es ir caminando por un campo de minas donde tú eres la única persona que ve los explosivos. El resto del mundo camina descalzo, pisando donde quiere con total ligereza y sin enterarse de nada, mientras tú avanzas centímetro a centímetro, midiendo cada paso para salir de allí completamente ilesa.