El impuesto de salida: El precio invisible que pagas por existir en público
Hay personas que van por el mundo de forma gratuita. Entran a los sitios, se sientan, piden, se equivocan, hablan alto y ocupan espacio con la naturalidad de quien se sabe con derecho a estar allí. No piden permiso para respirar.
Yo no
Para mi, salir a la calle es una transacción económica ficticia pero horrible. Cada vez que cruzo el umbral de la puerta, siento que tengo que pagar un peaje emocional constante. Es lo que llamo el impuesto de salida: la creencia inconsciente de que, para tener derecho a ocupar un lugar en el mundo, debo ganármelo mediante la perfección, la sumisión o la utilidad constante. Si no pago, siento que estoy robando espacio.
Este impuesto no se cobra en dinero, sino en una tensión silenciosa que se manifiesta en situaciones cotidianas que para el resto pasan desapercibidas.