. . Entender la fobia social

martes, 18 de agosto de 2026

3. El peaje del espacio físico (La geometría del encogimiento)

  EL IMPUESTO DE SALIDA

   

 

El peaje del espacio físico (La geometría del encogimiento)

Este impuesto no solo se calcula en la mente; se paga directamente con los huesos y los músculos. Hay una orden interna, muda y despiadada que se activa en mi cuerpo en cuanto piso la calle: 

"Hazte pequeña"

Me encojo sobre mí misma para ocupar el menor espacio posible, doblando mis extremidades sobre mí misma para no molestar al universo.

El transporte público o la geometría del pánico

Al sentarme en el autobús, entro en modo de máxima compresión. Cruzo las piernas con fuerza, encojo los hombros hacia dentro y pego los codos a las costillas como si estuviera envuelto en plástico film. Siento que si mi rodilla o mi hombro rozan al pasajero de al lado, estoy invadiendo su territorio soberano. Prefiero viajar en una postura que me causará tortícolis antes que reclamar los centímetros por los que he pagado mi billete.

El acelerador invisible en la acera

Si camino por la calle y detecto por el oído que alguien se acerca por detrás con un paso un poco más rápido, mi cuerpo reacciona de inmediato. No sigo a mi ritmo. Me aparto disimuladamente rozando la pared o acelero la marcha como si estuviera estorbando el tráfico. Siento que mi velocidad lenta es un delito de obstrucción en la vía pública.

La disculpa refleja ante el impacto

El colmo de este peaje físico ocurre en los choques cotidianos. Si alguien va distraído mirando su teléfono móvil y tropieza bruscamente conmigo, la palabra "perdón" se me escapa de la boca antes de que pueda procesar el golpe. No pido disculpas por haber tropezado; estoy pidiendo disculpas por el simple hecho de existir físicamente en ese preciso punto geográfico donde el otro decidió pasar.