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jueves, 2 de abril de 2020

Daños colaterales de la fobia social



Estas pocas líneas son para tratar de explicar la vida del que acompaña a un fóbico social o a un agorafóbico.

Las parejas de estas personas también sufren a causa de una situación que, aunque no entienden , tratan de comprender

La manera de entender lo que pasa a alguien afectado por este trastorno es imaginar que al igual que a cualquier persona le produce cierto embarazo ( por si no lo hace bien) impartir clase a más de 100 alumnos en la Universidad, todos en la misma aula ( a mí me ha ocurrido tener que dar clase de Matemáticas a 150 alumnos en la misma clase),  dar una conferencia en un auditorio o hablar en un funeral ante un alto número de personas; a un fóbico social esas mismas situaciones le bloquean, al no poder soportar una posible evaluación negativa por parte de sus oyentes.

Un fóbico debe de notar esa presión,  pero mucho más, a la enésima potencia.
Eso es lo que yo imagino para entenderlo.
No obstante esa comprensión, el compañero de una persona con esos trastornos sufre por no poder hacer nada. Por mucho que insista ante su pareja en que es fundamental trabajar en su carrera ( que para algo la estudió) y conseguir una pensión el día de mañana, por mucho que la anime a que puede salir sola a la calle o viajar sin compañía, su respuesta siempre es la denegación,  el sufrimiento e incluso el pánico.

El que vive bajo el mismo techo con una persona con ese problema, se ve inundado por la frustración, por no poder hacer casi nada, viendo sufrir constantemente y sufrir él también continuamente, al no poder evitarlo.

¿Alguien piensa en esos otros sufrimientos? Porque también son sufrimientos y son continuos, no cesan, son cada día.

Es un sufrimiento doble: por un lado se sufre porque no ves progresar ni un ápice a la persona amada (los mismos miedos siempre a todo: a salir sola, a coger el teléfono, a tomar un transporte, a hablar en público,  a tener una ocupación laboral…) y tú también sufres la impotencia, la frustración de no poder hacer nada ( sobre todo los hombres tenemos la manía de querer solucionarlo todo, y si no lo conseguimos, nos sentimos muy mal). 
En fin, mi sentimiento es de guerra perdida, de batalla en batalla, siempre derrotados. Los dos. Y que conste que no soy un hombre pesimista, soy muy racional ( aunque emotivo al mismo tiempo), pero nunca me he contado cuentos a mí mismo. Toco con mis manos la realidad y veo que este grave problema incapacita mucho para hacer una vida normal en sociedad y crea mucha infelicidad y, lo que es peor, toda la vida. Intuyo que su origen está en un defecto inicial en el cerebro, un desequilibrio de raíz biológica, de causa bioquímica. Por eso es  imposible erradicarlo con técnicas únicamente de psicología conductista.
Pero hay unas víctimas colaterales, las parejas de los afectados/as también sufrimos.No se puede luchar contra la genética con las únicas armas de la psicología.  Es una guerra perdida de antemano, en mi opinión