Estar en un grupo y sentir que no recuerdas nombres ni caras es algo que muchos experimentamos cuando la ansiedad nos desconecta de la interacción social.
La memoria del miedo
Yo siempre he pensado que soy una persona despistada; enseguida olvido nombres y personas. Por ejemplo, cuando iba al instituto o a la universidad, era incapaz de reconocer a un compañero por la calle, y mucho menos recordar su nombre. Mi amiga era quien me decía “es cual y se llama tal”.
Pero no era un defecto mío, sino una consecuencia de la ansiedad. Cuando interactúo con esas personas, desconecto: no me fijo en los detalles, me preocupo más por salir airosa de la interacción y apenas escucho, miro lo mínimo. Y claro, cuando los veo en otro entorno, no los identifico.
Sobrevivir al momento
Es como si los rostros se desdibujaran ante mis ojos; la mente está ocupada en sobrevivir a la situación social, y no en registrar la información que luego sería útil. Esa desconexión genera más ansiedad, porque notas que olvidas cosas básicas y refuerza la sensación de estar fuera de lugar.

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