ANTES NO SE LLAMABA FOBIA SOCIAL. SE LLAMABA «ES QUE ES MUY TÍMIDO»
Durante mucho tiempo, tener miedo a hablar con otras personas, sentirse observado, evitar determinadas situaciones sociales o experimentar una enorme incomodidad al estar con los demás no tuvo un nombre concreto.
Eso no significa que esas experiencias no existieran.
Significa que durante siglos fueron interpretadas de maneras muy diferentes: como timidez, como debilidad de carácter, como exceso de sensibilidad, como falta de educación, como una peculiaridad de la personalidad o, simplemente, como una forma de ser.
La historia de la fobia social no empieza cuando aparece su nombre en un manual diagnóstico.
Empieza mucho antes.
Empieza cuando médicos, filósofos, escritores y psicólogos comenzaron a intentar comprender qué había detrás de determinadas formas de miedo ante los demás.
CUANDO EL PROBLEMA PARECÍA SER «LA PERSONA»
Durante buena parte de la historia, el miedo social no se consideraba necesariamente un problema que necesitara una categoría propia.
Si alguien evitaba reuniones, tenía dificultades para hablar delante de otras personas o se sentía incómodo siendo observado, era fácil interpretar aquello como una característica personal.
Era tímido.
Era reservado.
Era demasiado sensible.
No tenía carácter.
No sabía relacionarse.
La diferencia es importante porque todas esas explicaciones colocaban el problema principalmente dentro de la personalidad.
No se preguntaba tanto qué estaba ocurriendo en la experiencia de esa persona como qué clase de persona era.
Y eso hacía muy difícil distinguir entre una simple preferencia por la tranquilidad y un miedo intenso capaz de limitar la vida cotidiana.
LA TIMIDEZ COMO EXPLICACIÓN
La palabra «timidez» fue durante mucho tiempo una especie de cajón de sastre.
Podía describir desde una persona simplemente reservada hasta alguien que sufría un intenso miedo ante determinadas situaciones sociales.
El problema era precisamente ese: bajo una misma palabra podían esconderse experiencias muy diferentes.
Una persona podía preferir no hablar demasiado y sentirse perfectamente cómoda con ello.
Otra podía querer participar, hablar, relacionarse y estar presente, pero sentirse bloqueada por el miedo a equivocarse, hacer el ridículo o ser juzgada.
Desde fuera, ambas podían parecer simplemente «tímidas».
Por dentro, la experiencia podía ser completamente distinta.
CUANDO APARECE LA IDEA DE UN MIEDO ESPECÍFICO
A comienzos del siglo XX empezaron a aparecer descripciones más cercanas a lo que hoy reconocemos como ansiedad social.
Algunos autores comenzaron a describir personas cuyo miedo aparecía especialmente cuando podían ser observadas, evaluadas o juzgadas por otras personas.
Ya no se trataba únicamente de «ser tímido».
El foco comenzaba a desplazarse hacia determinadas situaciones y hacia la reacción que provocaban.
Hablar delante de otras personas.
Comer siendo observado.
Escribir mientras alguien mira....
La idea empezaba a tomar forma: quizá existía un tipo de miedo que no era simplemente timidez, sino una reacción especialmente intensa ante determinadas situaciones sociales.
LOS AÑOS 60 CAMBIARON LA HISTORIA
En los años sesenta se produjo un cambio importante.
Los investigadores comenzaron a diferenciar con mayor claridad distintos tipos de fobia y a considerar que algunas experiencias de miedo ante situaciones sociales podían constituir un fenómeno específico.
En 1966, Isaac Marks y Michael Gelder incluyeron la fobia social entre los tipos de fobia que podían distinguirse de otras formas de miedo.
El concepto todavía era mucho más limitado que el que utilizamos actualmente.
Se centraba especialmente en situaciones concretas en las que la persona tenía que realizar alguna actividad mientras podía ser observada por los demás.
La idea fundamental era que el miedo aparecía cuando la persona podía quedar expuesta al escrutinio de los demás.
Eso supuso un cambio importante.
El problema comenzaba a dejar de entenderse exclusivamente como una característica de personalidad y empezaba a estudiarse como una experiencia psicológica concreta.
Pero todavía quedaba mucho por definir.
¿Hasta dónde llegaba realmente ese miedo?
¿Era solamente una fobia ante determinadas situaciones concretas?
¿O podía extenderse a prácticamente toda la vida social de una persona?
¿Dónde terminaba la timidez y dónde empezaba un trastorno?
¿Y cómo podía distinguirse una experiencia de otra?
Todavía no existía una respuesta definitiva.
Y entonces aparece una pregunta inevitable:
¿Cuándo dejó de ser simplemente una forma de miedo, timidez o fobia concreta para convertirse en un diagnóstico propio?
¿Qué ocurrió para que aquella experiencia tuviera finalmente un lugar dentro de los manuales de diagnóstico?
La respuesta nos lleva a 1980.
La historia continúa.
DOCUMENTACIÓN Y FUENTES
1. American Psychiatric Association. Referencia histórica del DSM y de la evolución de las categorías diagnósticas.[Consultar la historia del DSM]
2. Stein, M. B. y Taylor, C. T. (2020). «Phenomenology of Social Anxiety Disorder». The American Psychiatric Association Publishing Textbook of Anxiety, Trauma, and OCD-Related Disorders.[Consultar el capítulo en Psychiatry Online]
3. PubMed / National Library of Medicine. «Social Anxiety Disorder». Revisión histórica de la evolución del concepto desde su diferenciación hasta el DSM-III y las revisiones posteriores.[Consultar en PubMed]
4. American Psychological Association. «Stemming social phobia». Historia de la investigación sobre la fobia social y referencia a su aparición en el DSM-III en 1980.[Leer el artículo en la APA]
5. Bögels, S. M. et al. (2010). «Social anxiety disorder: questions and answers for the DSM-V». Revisión de la evolución del concepto de fobia social desde el DSM-III hasta el DSM-IV.[Consultar en PubMed]
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