El cansancio físico que nadie asocia
Cuando llego a casa después de una interacción social, no estoy solo cansada. Estoy agotada. Me pesan los hombros. Me duele la cabeza. Tengo la mandíbula tensa. El cuerpo entero pide parar.
No ha pasado nada grave. No ha sido una situación extrema. A veces ha sido algo tan simple como salir a comprar o quedar un rato. Pero mi cuerpo ha estado en alerta todo el tiempo. Sosteniendo tensión. Controlando gestos. Reprimiendo síntomas. Eso se paga.
Al llegar a casa necesito silencio. A veces oscuridad. A veces tumbarme sin hacer nada. No es pereza. No es exageración. Es la recuperación física después de haber estado demasiado tiempo en tensión.
La fobia social no solo cansa la mente. También agota el cuerpo.


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