miércoles, 31 de diciembre de 2025

1 Aprender a vigilarse

SECCIÓN: CÓMO APRENDIMOS A SER ASÍ


Aprender a vigilarse

No siempre hubo miedo a los demás. Antes hubo atención.
Una atención que poco a poco dejó de estar fuera y empezó a volverse hacia dentro.

En algún momento empezamos a observarnos mientras hablábamos. A medir cómo sonaba nuestra voz. A corregir gestos, palabras, silencios.
No era algo consciente. No pensábamos “me estoy vigilando”. Simplemente ocurría.

La conversación dejó de ser un intercambio y pasó a ser una tarea.
Mientras otros hablaban, una parte de nosotros estaba ocupada en comprobar si estábamos haciéndolo bien. Si habíamos dicho demasiado. Si habíamos dicho algo raro. Si se notaba el nerviosismo.

Esta vigilancia no apareció porque sí. Fue una forma de protegerse.

Cuando tuve edad ,o valor, para salir sola a la calle y jugar con las niñas del barrio, yo era la mayor con diferencia. Si yo tenía once o doce años, ellas tendrían ocho o nueve.

Solo por eso ya me sentía fuera de lugar. Un poco ridícula jugando al escondite o a pillar con niñas más pequeñas. Aun así, lo pasaba bien y seguía quedando con ellas.

Muchas veces era yo quien ideaba los juegos. Concursos de canciones, pequeñas obras de teatro. Nos dividíamos en grupos, nos íbamos a ensayar y luego lo mostrábamos.

Siempre ganaba mi grupo. Yo era más sabia, más ingeniosa. Y ese pequeño estatus era importante para mí.

Mantener el interés de las niñas me generaba tensión. Sentía que tenía que sostener ese papel.

Si alguna se salía del molde que yo tenía , si decía algo que me dejaba en evidencia, lo pasaba muy mal.

No solo por el comentario en sí. También por la vergüenza de estar allí, con niñas más pequeñas, que me hacian sentir   humillada  

Ahí aprendí algo sin ponerle palabras: que estar con otros implicaba no perder el sitio, no quedar expuesta, no bajar de nivel.

El problema es que vigilarse cansa. Y cuanto más nos vigilamos, menos presentes estamos.

No escuchamos del todo. No respondemos desde lo que sentimos, sino desde lo que creemos que es adecuado. La espontaneidad se va reduciendo.

Con el tiempo, esta vigilancia constante genera una sensación extraña: estar con otros, pero no estar del todo.

El cuerpo tenso. La mente acelerada. Y la sensación de que relacionarse requiere un esfuerzo enorme.

Muchas personas con fobia social no tienen miedo a los demás. Tienen miedo a fallar mientras están con los demás.

Y esa vigilancia, que un día ayudó a protegernos, acaba convirtiéndose en una prisión invisible.

domingo, 28 de diciembre de 2025

--



Vivir con Fobia Social: La Realidad Invisible de la Ansiedad Social

La fobia social es una de esas condiciones invisibles que, aunque no se vean a simple v

ista, afectan profundamente a quienes la padecen. Muchas veces, las personas que la sufrimos nos sentimos incomprendidas o solas en lo que vivimos, pero la verdad es que es más común de lo que parece.

En esta entrada quiero compartir lo que es vivir con fobia social, sin soluciones ni promesas de curación, solo la realidad que muchos enfrentamos día a día.


La constante ansiedad social



Para quien tiene fobia social, cada interacción puede sentirse como un desafío abrumador. Hablar en público, hacer una simple pregunta a un desconocido o incluso estar rodeado de gente puede generar una ansiedad difícil de controlar.

Este miedo no es algo que se pueda simplemente “superar” con fuerza de voluntad, porque no es solo mental: es una respuesta emocional que afecta también al cuerpo.

El cuerpo reacciona como si estuviera ante un peligro real: sonrojo, temblores, sudoración excesiva, náuseas, taquicardia. Síntomas que no siempre se ven, pero que se sienten con intensidad brutal.

Y a todo eso se suma otro miedo: que los demás lo noten. Esa lucha constante por disimular es agotadora y alimenta aún más la ansiedad.

Situaciones cotidianas como una reunión de trabajo o una salida con amigos pueden convertirse en un campo minado de pensamientos negativos y preocupación constante por ser juzgado.


El proceso de rumiación: el antes y el después



El sufrimiento no ocurre solo durante la situación social. Muchas veces empieza mucho antes. La ansiedad anticipatoria puede aparecer días antes de una cita, una reunión o una simple llamada telefónica.

La mente se adelanta, imagina escenarios, errores y rechazos, y el cuerpo empieza a reaccionar incluso antes de que ocurra nada.

Para nosotros, el desafío no termina cuando la conversación acaba. A menudo pasamos horas o días repasando cada palabra dicha, convirtiendo un momento breve en un ciclo de autocrítica agotador.

Aunque objetivamente no haya pasado nada grave, la sensación interna suele ser de vergüenza, culpa o fracaso.


La soledad de la fobia social





Una de las partes más difíciles es la sensación de soledad. No porque no haya personas alrededor, sino porque cuesta muchísimo conectar con los demás.

El miedo al rechazo y la inseguridad constante hacen que muchas veces te alejes, incluso cuando no quieres. Puedes sentirte profundamente solo en medio de una multitud.

Retirarse de actividades sociales puede llevar a una espiral de aislamiento. Desde fuera se interpreta como timidez o desinterés, pero no es una elección libre: es el miedo y la ansiedad lo que empuja a apartarse.


El impacto en la vida diaria



La fobia social no es solo timidez. Puede ser profundamente incapacitante.

Puede impedir pedir comida en un restaurante, hacer una llamada necesaria, ir a una entrevista de trabajo o progresar profesionalmente.

No es solo malestar emocional; es una limitación real en la vida cotidiana.


Las apariencias engañan



Desde fuera podemos parecer tranquilos, callados, normales. Por dentro, muchas veces estamos luchando por mantener la calma, por no huir, por no rompernos.

Queremos encajar y participar, pero el miedo al juicio nos hace dudar de cada palabra y cada acción.

Para sobrevivir a una interacción, recurrimos a las conductas de seguridad: mirar el móvil, ensayar frases mentalmente o sujetar una taza con ambas manos.

Estas estrategias dan una falsa sensación de control. Alivian en el momento, pero nos mantienen prisioneros del miedo e impiden comprobar que quizá podríamos estar bien incluso sin ellas.


El impacto en la identidad: ¿soy yo o es mi ansiedad?



Con el tiempo, la fobia social distorsiona la propia imagen. Terminamos creyendo que somos aburridos, vacíos o defectuosos.

Olvidamos que esa falta de chispa no es nuestra personalidad, sino el resultado de tener la mente ocupada intentando sobrevivir.

No es que no tengamos nada que decir; es que la ansiedad ha secuestrado nuestra capacidad de ser nosotros mismos.


Aceptar y vivir con ello



Vivir con fobia social no significa ser débil ni incapaz. No define quiénes somos ni nuestro valor.

Hay avances y retrocesos. Días mejores y días muy duros. Seguir adelante no siempre es valentía visible; muchas veces es simplemente resistir.

Vivir con fobia social es un reto constante, pero también enseña algo esencial: mirarnos con más comprensión y tratarnos con amabilidad.

.

jueves, 25 de diciembre de 2025


SECCIÓN LO QUE NO VEMOS DE NOSOTROS 


El Esfuerzo Invisible y el valor de intentarlo de nuevo 

A menudo pasamos por alto la cantidad de veces que las personas se esfuerzan por seguir adelante. No se trata de grandes proezas, sino de esas pequeñas batallas silenciosas que forman parte de la vida cotidiana.

Cada vez que alguien inicia una conversación a pesar del temblor en la voz. Cada salida de casa cuando el corazón late más rápido de lo normal. Cada decisión de no rendirse, aun cuando lo más fácil sería desaparecer un rato del mundo.

Los demás suelen ver únicamente el resultado final: la sonrisa, la conversación, el “sí” a la invitación. No ven las frases ensayadas una y otra vez en la mente, ni las dudas que acompañan cada paso, ni el esfuerzo físico de mantener la respiración calmada y la voz estable.

El mundo ve calma superficial, pero no percibe el agotamiento real que sigue a un evento social, cuando cuerpo y mente se rinden tras el sobreesfuerzo de intentar encajar.

Y aquí está el giro: ese esfuerzo invisible no es una carga, sino una de nuestras mayores virtudes. Es una muestra de valentía diaria, la voluntad de elegir la conexión por encima del confort del aislamiento. Es la prueba de que, a pesar de que nuestro cuerpo y mente pidan huir o congelarse, elegimos seguir adelante una y otra vez.

El verdadero esfuerzo invisible no es solo resistencia o análisis constante; es persistencia y coraje. Es la capacidad de presentarse, de intentarlo de nuevo, reconociendo que cada pequeño paso cuenta y que ese esfuerzo silencioso merece ser reconocido y valorado.

miércoles, 24 de diciembre de 2025




SECCIÓN LO QUE NO SABEMOS DE NOSOTROS 


La responsabilidad emocional: el peso que enseña

A veces siento que llevo más de lo que me toca. No porque quiera, sino porque siento que si no lo hago, algo se romperá o alguien sufrirá. Me agoto tratando de resolver problemas que no son míos, atendiendo emociones que no pedí, y sosteniendo situaciones que otros podrían manejar. Desde fuera, puede parecer que me sobrecargo por elección o que no sé decir “no”. Y duele sentir que me juzgan sin entender la motivación que hay detrás.

Cargar con lo que no es tuyo tiene consecuencias reales. Me desgasto física y emocionalmente. Otros pueden aprovecharse o darlo por sentado. A veces pierdo de vista mis propias necesidades mientras intento sostener a los demás.

Pero este peso también tiene un valor enorme. Me hace consciente del impacto de mis acciones y palabras. Me enseña a leer el ambiente, a anticipar conflictos y a cuidar a quienes me rodean. Aprendo a equilibrar la ayuda con los límites, a intervenir con responsabilidad y a actuar con atención, sin perder mi centro.

Cargar con responsabilidades ajenas no es debilidad ni obligación. Es conciencia, cuidado y aprendizaje. Es la manera en la que intento proteger a otros y mantener relaciones sanas, incluso cuando nadie lo ve.

martes, 23 de diciembre de 2025



SECCIÓN LO QUE NO SABEMOS DE NOSOTROS


Cargarse con responsabilidades ajenas: el peso que enseña




A veces siento que llevo más de lo que me toca. No porque quiera, sino porque siento que si no lo hago, algo se romperá o alguien sufrirá. Me agoto tratando de resolver problemas que no son míos, atendiendo emociones que no pedí, y sosteniendo situaciones que otros podrían manejar. Desde fuera, puede parecer que me sobrecargo por elección o que no sé decir “no”. Y duele sentir que me juzgan sin entender la motivación que hay detrás.

Cargar con lo que no es tuyo tiene consecuencias reales. Me desgasto física y emocionalmente. Otros pueden aprovecharse o darlo por sentado. A veces pierdo de vista mis propias necesidades mientras intento sostener a los demás.

Pero este peso también tiene un valor enorme. Me hace consciente del impacto de mis acciones y palabras. Me enseña a leer el ambiente, a anticipar conflictos y a cuidar a quienes me rodean. Aprendo a equilibrar la ayuda con los límites, a intervenir con responsabilidad y a actuar con atención, sin perder mi centro.




Cargar con responsabilidades ajenas no es debilidad ni obligación. Es conciencia, cuidado y aprendizaje. Es la manera en la que intento proteger a otros y mantener relaciones sanas, incluso cuando nadie lo ve.



domingo, 21 de diciembre de 2025


SECCIÓN LO QUE NO VEMOS DE NOSOTROS 


La paciencia que tenemos con los demás (pero no con nosotros

Hay algo curioso, y un poco injusto, en cómo tratamos a quienes queremos y en cómo nos tratamos a nosotros mismos. Con los demás somos pacientes, comprensivos, incluso cuidadosos. Pero cuando se trata de nosotros… ahí todo cambia.

A un amigo le diríamos: “Tranquilo, no pasa nada, estás haciendo lo mejor que puedes.” Pero a nosotros nos decimos: “Deberías haberlo hecho mejor.”

A alguien que está nervioso le hablaríamos con suavidad. Pero cuando somos nosotros los que dudamos, nos reprochamos cada temblor.

Con los demás vemos el esfuerzo. Con nosotros solo vemos el fallo.

Esa diferencia pesa más de lo que parece. Vivimos con una exigencia constante, con ese “tengo que hacerlo perfecto” que nadie nos ha pedido, pero que llevamos dentro desde hace años. 

Lo más humano ,y lo más escondido, es que esa paciencia que damos a los demás también forma parte de nuestra sensibilidad. Somos capaces de entender los ritmos ajenos, de dar espacio, de acompañar sin presionar. Eso es una de las cosas más valiosas que tenemos.

Somos pacientes porque no nos gusta molestar, porque sabemos estar en nuestro lugar, porque sabemos escuchar incluso cuando lo que nos cuentan no nos interesa. Somos pacientes cuando esperamos en una barra de bar sin protestar aunque alguien se cuele. Somos pacientes cuando aguantamos impertinencias sin responder.

El reto está en dirigir una parte de esa misma ternura hacia dentro. En hablarnos como le hablaríamos a alguien que queremos. En permitirnos equivocarnos sin convertirlo en un castigo. En darnos tiempo, margen y perdón.

Quizá aún no lo hagamos del todo, pero estamos aprendiendo. Y cada vez que elegimos tratarnos con un poco más de suavidad, la vida se vuelve menos dura y más auténtica.

Lo que casi nadie ve es que esta paciencia también está en nosotros. Solo tenemos que permitirnos recibirla. Y sí: la paciencia es una virtud.

viernes, 19 de diciembre de 2025


SECCIÓN LO QUE NO VEMOS DE NOSOTROS 


La intensidad emocional

Hay personas que viven el día sin que nada les afecte demasiado. Y luego estamos quienes sentimos todo con más fuerza. Una frase nos acompaña horas, un gesto nos remueve, un detalle mínimo se queda rondando en la cabeza hasta que entendemos por qué nos impactó.

Por fuera no parece gran cosa. Por dentro, todo se mueve más. Cuando algo duele, se queda. Cuando algo nos hace felices, lo sentimos de verdad. Cuando algo nos preocupa, el cuerpo lo nota incluso antes que la mente.

A veces esta intensidad agota. Nos sobresatura lo que a otros les pasa desapercibido. Nos cuesta más soltar lo que nos toca. Por eso necesitamos más pausas, más silencio, más tiempo para procesar lo que vivimos.

Pero esa misma intensidad también tiene cosas buenas. Nos ayuda a conectar, a entender mejor a los demás, a emocionarnos con cosas pequeñas y a captar matices que otros no ven. Hace que incluso lo cotidiano tenga sentido.

Sentir así no es un defecto. No es exageración ni drama. Es tener un mundo interior que funciona a otro nivel.

Y aunque a veces cueste manejarlo, esta forma de sentir también es una de nuestras partes más valiosas. Aunque no siempre la mostremos, forma parte de lo que somos.

Compartir esta intensidad con quienes nos entienden ( como en asociaciones como AMTAES) es lo que nos ayuda a manejarla con .más apoyo.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

SECCIÓN LA PARTE DE NOSOTROS QUE NO  VEMOS 
La creatividad silenciosa


La creatividad no siempre aparece como un chispazo. Muchas veces nace en silencio, en esos pensamientos que parecen inútiles, en las pequeñas conexiones que hacemos sin darnos cuenta. Y quienes vivimos con ansiedad lo sabemos bien: la mente nunca está quieta, pero dentro de ese movimiento constante también hay algo valioso.

Con el tiempo entendí que esa sensibilidad que a veces agota, esa forma de fijarnos en todo, de imaginar mil escenarios, de darle vueltas a lo que sentimos… también puede crear cosas. No se nota al principio, porque estás ocupado simplemente sobreviviendo. Pero un día algo se activa y aparece una palabra, una idea, una imagen. Luego otra. Y otra más.

A mí me pasó así.

Cuando empecé mi blog en 2015, nunca imaginé que iba a mantenerlo tantos años ni que tendría algo que decir durante tanto tiempo. Pero la creatividad estaba ahí, aunque yo no lo supiera. Crecía cada vez que me escuchaba un poco y cada vez que dejaba que mis emociones salieran en una frase. Ahora, mirando atrás, veo que esa constancia, esa introspección y esa imaginación que tantas veces me complicaron la vida… también me dieron una voz.

Porque la creatividad, para personas como nosotros, no es algo espectacular. Es más simple. Más íntimo. Nace de sentir mucho, de pensar más de la cuenta, de buscar sentido a lo que nos mueve por dentro. Y cuanto más espacio le damos, más aparece.

Es una creatividad silenciosa, sí. Pero existe, incluso cuando creemos que no queda nada nuevo 

lunes, 15 de diciembre de 2025


SECCIÓN LO QUE NO SABEMOS DE NOSOTROS 


La ternura que no sabemos que tenemos 

A veces me doy cuenta de que, sin pensarlo, me trato con más cuidado del que creo. Me sujeto la mano cuando estoy a punto de entrar en un sitio que me intimida. Me coloco el pelo con calma. Me hablo por dentro en un tono más suave del que uso con los demás. Y pienso: “También soy esta versión de mí”.

La ternura, cuando tienes fobia social o ansiedad, no aparece de forma llamativa. No es algo que se muestre en gestos grandes ni en palabras especiales. Es discreta. Va despacio. Pero existe.

Está cuando buscas un sitio tranquilo para no agobiarte y tu cuerpo intenta darte seguridad. Está cuando lloras después de un día difícil sin culparte por hacerlo. Está cuando dices “hoy no puedo más” y te permites parar. Está cuando te hablas con un poco más de paciencia de la que pensabas tener.

A veces siento que hay personas que me miran y ven algo tierno en mí: vulnerabilidad, sinceridad, una forma suave de estar en el mundo. Ellas ven algo valioso, incluso bonito. Mientras yo, desde dentro, solo siento mis inseguridades.

Lo más importante es que esa ternura no depende de ser fuerte, ni valiente, ni positiva. Sale de algo más sencillo: el deseo de no hacerte daño, de cuidarte un poco.

Creo que si pudiéramos mirarnos como miramos a alguien que queremos, seríamos menos duros con nosotros mismos. Tal vez dejaríamos de pensar que somos un desastre. Tal vez entenderíamos que sentir miedo no quita lo que tenemos dentro.

Hay una parte de ti que te cuida incluso cuando tú no sabes hacerlo. No se va. No te abandona. Te espera, siempre.

sábado, 13 de diciembre de 2025


SECCIÓN LO QUE NO VEMOS DE NOSOTRIS 


La capacidad de observarlo todo

Hay personas que hablan sin pensar, actúan sin mirar y pasan por los lugares como si no dejaran huella. Y luego estamos los que, sin proponérnoslo, lo observamos todo. Absolutamente todo. Es una especie de radar silencioso que se enciende solo, incluso cuando no queremos.

Cuando entro a un sitio nuevo, no estoy pensando en cómo se sienten los demás. Estoy analizando. Elijo dónde sentarme según la salida, según la luz, según si la persona de al lado parece tranquila. Me doy cuenta de cuántas personas hay, qué está pasando, quién mira a quién, qué se mueve, qué puede resultar incómodo.


No es que quiera hacerlo. Es que mi mente funciona así.

  • posibles tensiones,
  • zonas seguras,
  • rutas de escape,
  • pequeños detalles que podrían hacer que una situación sea más o menos llevadera.

Y a veces me siento rara por eso. Porque parece que estoy “demasiado atenta”, “demasiado seria”, “demasiado callada”. Pero la verdad es que estoy recogiendo información. Información que me permite sobrevivir socialmente.

No es paranoia. No es debilidad. Es estrategia.

Con el tiempo he descubierto algo importante: esta habilidad, que siempre viví como un síntoma de ansiedad, es también una herramienta útil en la vida.

Me ayuda a anticipar problemas. A entender dinámicas sin que nadie me explique nada. A tomar decisiones más acertadas. A notar cambios que otros pasan por alto. A protegerme cuando algo no va bien.

Y aunque es agotador estar “encendida” todo el tiempo, también tiene una parte buena. Ver el mundo con tanto detalle te vuelve más consciente y más reflexivo. Te permite aprender de los gestos, de los silencios, de lo que no se dice.

Quizá nadie lo note. Pero mientras pareces quieta, tu mente está trabajando como un mapa vivo. Esa capacidad está ahí, acompañándote en cada paso.

Y aunque no la veas como un talento, lo es. Es tu forma silenciosa de entender el mundo sin que el mundo lo note.

jueves, 11 de diciembre de 2025



SECCIÓN LO QIE NO  SABEMOS DE NOSOTROS



Rechazo al aplauso

Desde fuera, puede parecer que soy humilde o modesta. Cuando me elogian, tiendo a minimizarlo, a decir que “no fue nada” o a desviar la atención rápidamente. Pero esa reacción no siempre es humildad. A veces es una estrategia defensiva, una manera de alejar el foco de atención.

El elogio me asusta porque siento que sube demasiado el nivel de lo que se espera de mí, y me obliga a hacerlo igual o mejor la próxima vez o peor aún: temo que me estén valorando por algo que realmente no merezco. Al rechazar el aplauso, no solo minimizo mi esfuerzo, sino que también rechazo la conexión que la otra persona intenta ofrecerme. Me mantengo en esa vigilancia constante de lo que debería ser, negándome el permiso de celebrar mis propios logros.

Es el eco del síndrome del impostor, que nos susurra que el elogio es un error de juicio del otro.

Pero hay un lado que casi nadie ve: esa resistencia al elogio no es un defecto; es una profunda búsqueda de integridad y autenticidad. Es la necesidad de que mi valor no dependa de las palabras ajenas, sino de la verdad de mi esfuerzo. Tememos que el elogio ponga el foco en la apariencia, no en la persona real. Y eso refleja un deseo genuino de ser honesto y de valorar el proceso silencioso más que el resultado visible.

El miedo al elogio, entonces, se convierte en una manifestación incómoda de valores muy poderosos.

Integridad y autenticidad: lo que hacemos refleja quiénes somos, no solo la imagen que otros perciben.

Valoración del esfuerzo sobre el resultado: priorizar el proceso y la mejora interna por encima de la aprobación externa.

Comprender esto lo cambia todo:

El rechazo al aplauso deja de ser solo una dificultad social. Se convierte en un signo de madurez, de compromiso con la verdad y de cuidado de uno mismo, incluso cuando desde fuera puede parecer incómodo o extraño



SECCIÓN LO QUE NO VEMOS DE NOSOTROS

La sensibilidad que disfrazamos de torpeza

A veces pienso que, si alguien pudiera escuchar todo lo que siento antes de abrir la boca, entendería cosas de mí que ni yo misma sé explicar. Porque lo que más me cuesta aceptar de la fobia social no es el miedo ni los nervios. Lo que más me cuesta aceptar es que soy mucho más sensible de lo que aparento… pero esa sensibilidad no se ve porque yo la escondo bajo el miedo a no encajar.

Cuando entro en un lugar, mi cuerpo empieza a escanearlo todo sin que yo lo decida: quién parece cansado, quién está incómodo, quién está tenso. Me fijo en detalles que a los demás ni les pasan por la cabeza: un gesto raro, un silencio corto, un cambio mínimo en el tono de voz.


Y mientras otros simplemente están ahí, yo estoy intentando no invadir, no molestar, no estorbar. Me esfuerzo tanto por no generar incomodidad que al final parezco rígida, cuando por dentro solo estoy intentando cuidar el ambiente.

Lo curioso es que esta sensibilidad, que yo siempre he visto como un defecto, es justo lo que hace que algunas personas se sientan tranquilas conmigo sin saber por qué. Lo he visto de forma inesperada: gente que confía en mí sin que yo haga nada especial, gente que se abre conmigo porque sienten que pueden ser ellos mismos. A veces me cuentan cosas que no dirían en voz alta delante de nadie, y yo ni sé por qué me eligen. Pero creo que es porque transmito algo que no veo en mí: que no voy a juzgarles, que no voy a ridiculizarles, que conmigo pueden respirar.

Y es irónico, porque esa misma comprensión que tengo con los demás casi nunca me la doy a mí. Cuando pienso en mis fallos sociales, soy muchísimo más dura de lo que sería con cualquier persona. No veo mi sensibilidad, solo veo mis errores. No veo que me esfuerzo por cuidar a los demás, solo veo que tiemblo, que dudo, que tardo demasiado en reaccionar. Pero la verdad es que me importa tanto lo que pasa a mi alrededor porque siento más de lo que digo.

A veces me pregunto cómo sería tratarme con la misma suavidad con la que trato a los demás. Cómo sería dejar de confundir sensibilidad con debilidad. Cómo sería permitirme la posibilidad de que no soy torpe ni rara ni insuficiente… sino alguien que percibe el mundo con más intensidad de la que sabe gestionar.

Quizá aún no lo vea con claridad, pero sé que esa sensibilidad que siempre he querido ocultar también es una de las cosas más valiosas que tengo. Y aunque por dentro siga temblando, aunque siga pensando que molesto, aunque siga revisando cada palabra… hay algo en mí que vale más de lo que creo.

Y está ahí, incluso cuando yo todavÍa no lo veo.

lunes, 8 de diciembre de 2025



SECCIÓN LA PARTE DE NOSOTROS QUE NO  VEMOS

La fuerza que no se ve 

Hay días en los que siento que todo lo que hago es aguantar. Aguantar el miedo, las dudas y ese temblor interno que nadie ve. Y aun así sigo adelante. No porque sea “valiente” en el sentido típico, sino porque si no sigo, me derrumbo.

Lo que nunca hago es reconocerlo. No me digo: “he podido con esto”. Solo noto cansancio, alivio o culpa por haberlo pasado mal. Pero nunca pienso en fuerza. Esa palabra no la relaciono conmigo.

Convivir con la ansiedad y con la fobia social es cargar con un peso constante que los demás no perciben. Desde fuera parezco normal, pero por dentro cada paso es una lucha que hago en silencio. Y aun así camino.

A veces pienso que, si otras personas sintieran lo que yo siento, salir a la calle, hablar o simplemente enfrentar un día cualquiera les parecería algo enorme. Pero como lo hago yo, como “me toca”, no lo veo así.

Tenemos una capacidad enorme para restar importancia a lo que nos cuesta. Para ignorar nuestras propias victorias. Para pensar que hacer algo con ansiedad no es un logro, sino una obligación. Pero no lo es.

Aguantar un pensamiento que te machaca, presentarte a un sitio aunque estés temblando, responder aunque te dé vergüenza, intentar algo aunque una parte de ti quiera huir… Eso sí es fuerza. Aunque no se vea. Aunque no te lo reconozca nadie.

La fuerza que no vemos es la que usamos cada día solo para mantenernos en pie. La que aparece cuando estamos agotados. La que nos empuja a seguir cuando todo en nosotros grita que paremos.

No hace falta sentirse fuerte. A veces basta con admitir que lo somos, aunque no encaje con la idea típica de “persona fuerte”.

Si vieras desde fuera todo lo que has soportado… si recordaras cada vez que seguiste aunque te temblara todo… si fueras consciente de tu resistencia diaria… te sorprenderías.

Porque, aunque no siempre lo vea, aunque me cueste decirlo… llevo años siendo más fuerte de lo que creo.
Y tú también.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Un día sin fobia social: ¿cómo sería?

                                          

 Un día sin fobia social: ¿cómo sería?

A veces me pregunto cómo sería vivir un día entero sin fobia social. Un día en el que las palabras salieran sin miedo, las miradas no tuvieran tanto efecto y cada interacción fuera… normal. Donde la mente no anticipara juicios ni analizara cada gesto. ¿Sería liberador o desconcertante? Cuando un miedo lleva tanto tiempo dentro, su ausencia también puede sentirse como un vacío extraño.

Me imagino despertando sin esa ansiedad anticipatoria que siempre aparece antes de que pase nada. Me levanto y, en vez de sentir el nudo en el estómago, simplemente pienso en lo que tengo que hacer. Sin que cada acción implique una evaluación interna.

Me visto sin preocuparme por si mi ropa llamará la atención o si daré una impresión equivocada. Salgo a la calle y no siento ese peso invisible en la espalda. La gente pasa a mi lado y no tengo la sensación de que estén analizando cada uno de mis movimientos. Solo existo, sin tener que justificarme mentalmente.

No necesito ensayar frases antes de hablar ni calcular mis expresiones para no parecer “extraña”. Si alguien me saluda, respondo sin vacilar, sin ese pequeño bloqueo que siempre aparece cuando intento reaccionar rápido.

En una conversación, no estoy alerta. No repaso lo que acabo de decir buscando fallos ni me quedo atrapada pensando en la mejor manera de continuar. Tampoco me agoto después de un rato hablando, como si cada palabra me costara energía de más. Simplemente fluyo. Hablar se siente natural y no una prueba.

No me obsesiono con cada gesto ni con lo que los demás puedan pensar. No siento que tenga que disculparme por existir ni que cada interacción sea un examen que debo pasar sin errores. No hay eco mental repitiendo lo que dije ni culpa por haber hablado demasiado o demasiado poco.

Sin fobia social, la vida se siente más ligera. No porque sea perfecta o porque todo salga bien, sino porque los pensamientos que ahora me persiguen ya no me hacen  tanto daño. Las cosas simplemente son, sin la necesidad de analizarlas, justificarlas o evitarlas.

No sé si algún día los pensamientos que ahora me persiguen dejaran de molestarme  tanto , pero imaginarlo, aunque sea un momento, ya es un respiro.

-

sábado, 6 de diciembre de 2025

Modulo 9



Módulo 9. Relacionarse con uno mismo

Resumen: Este módulo se centra en mejorar la relación contigo mismo para fortalecer la confianza y reducir la ansiedad social. Incluye estrategias de autoobservación, aceptación, diálogo interno positivo, cuidado personal y práctica gradual.

Relacionarse con uno mismo es cultivar una voz interna compasiva, honesta y conectada con tus emociones y necesidades. Cuando el diálogo interno es crítico o no permites una conexión profunda con lo que sientes, se vuelve difícil poner límites, reconocer tu propio valor y crear relaciones externas sanas. Aprender a escucharte, validarte y cuidarte facilita tomar decisiones coherentes, expresar lo que necesitas y evitar depositar tu autoestima únicamente en la aprobación ajena.

La relación con uno mismo – Gatca – El valor de cultivar una relación interna saludable

Aceptación sin críticas: Permítete sentir miedo, vergüenza o inseguridad sin reprocharteb. Aceptar estas emociones disminuye la tensión interna.

La importancia de tener una buena relación con uno mismo

Abrir enlace

Explica por qué aceptarte sin reproches fortalece tu bienestar emocional.

Diálogo interno positivo: Sustituye pensamientos automáticos de juicio por frases de apoyo y comprensión hacia ti misma.

¿Qué es y cómo fomentar el diálogo interno positivo?

Abrir enlace

Aprende a transformar la autocrítica en un lenguaje interno más amable y realista.

Cuidar tus necesidades: Dedicar tiempo a tus intereses, descanso y bienestar fortalece la relación contigo misma y facilita interacciones sociales más seguras.

Ansiedad y autocompasión

Abrir enlace

Enseña cómo cuidarte y tratarte con amabilidad reduce la ansiedad y mejora tu estabilidad.

Práctica gradual de autocompasión: Comienza con pequeños gestos diarios de cuidado y reconocimiento hacia ti misma, aumentando la frecuencia y profundidad con el tiempo. Puedes combinarlo con ejercicios de mindfulness para reforzar la conciencia plena de tus emociones y necesidades.

Autocompasión: qué es y cómo potenciarla

Abrir enlace

Explica qué es la autocompasión y cómo aplicarla en el día a día.

PARA SABER MÁS:

Mindfulness y Autocompasión (MSC)

Abrir enlace

Programa oficial para aprender a desarrollar autocompasión con prácticas de mindfulness.

Autocompasión y regulación emocional en ansiedad social

Abrir enlace

Estudio que demuestra cómo la autocompasión reduce la ansiedad social y mejora la regulación emocional.


jueves, 4 de diciembre de 2025

Moduo 8 Cómo actuar cuando aparece un bloqueo


Cómo actuar cuando aparece un bloqueo 

Resumen: Este módulo enseña estrategias para manejar la ansiedad y la timidez en interacciones sociales, incluyendo respiración, preparación gradual, exposición progresiva, reflexión posterior y consistencia en la práctica. El objetivo es ganar confianza y seguridad paso a paso

Cómo actuar cuando aparece un bloqueo

A veces el bloqueo llega de golpe: la mente se queda en blanco, el cuerpo se tensa y las palabras no salen. No significa que no sepas hacerlo ni que estés retrocediendo; es una reacción automática del sistema nervioso cuando interpreta la situación como una amenaza. Entender qué está pasando por dentro ayuda a reducir la culpa y a recuperar poco a poco el control. Por eso es útil conocer por qué ocurre y qué pasos simples pueden ayudarte a desbloquearte en esos momentos.

Qué es el bloqueo mental y cómo gestionarlo

Explica por qué aparece el bloqueo mental, cómo funciona a nivel emocional y fisiológico, y qué estrategias prácticas ayudan a recuperar claridad en el momento.

Respirar lenta y profundamente: Inspirar contando hasta cuatro y exhalar contando hasta seis ayuda a reducir la activación física de la ansiedad antes de iniciar una interacción. 

Explica técnicas sencillas de respiración para calmar el sistema nervioso y reducir tensión física y mental.

Preparación gradual: Comenzar con situaciones de bajo riesgo y personas de confianza ayuda a ganar seguridad. Por ejemplo, iniciar con un saludo corto o un comentario simple antes de pasar a conversaciones más largas. 

Contiene recomendaciones concretas para afrontar la ansiedad social paso a paso, comenzando con situaciones manejables.

Exposición progresiva:

La exposición gradual te permite enfrentarte al miedo sin evitarlo y reeducar al cuerpo para que deje de reaccionar como si cada situación social fuera un peligro. Se empieza por situaciones pequeñas y manejables, avanzando paso a paso hacia las que más ansiedad generan. Con la repetición descubres que el miedo baja por sí solo, que puedes sostenerlo, y que muchas de las creencias que provoca la ansiedad no se cumplen cuando lo vives en la realidad.

Aumentar poco a poco la dificultad de las interacciones sociales. Primero conversaciones breves con conocidos, luego con personas nuevas, y finalmente situaciones más complejas. 

Terapia de exposición — Cleveland Clinic

 De cómo la exposición gradual ayuda a reducir el miedo y la evitación.


Reflexión posterior: Después de cada interacción, evalúa qué salió bien y qué fue difícil. Esto permite ajustar estrategias y reforzar la confianza para la próxima vez. 

Consistencia y paciencia: La mejora se logra con práctica regular y gradual. No se trata de resultados inmediatos, sino de construir seguridad paso a paso. Mantener la práctica constante es clave para la efectividad a largo plazo. 

Ofrece consejos para cultivar paciencia y constancia en procesos de cambio personal, incluyendo tolerancia al error y perseverancia.


martes, 2 de diciembre de 2025

Modulo 7: Relacionarse sin actuar. Practicar sin exponerse


Módulo 7. Relacionarse sin actuar. Practicar sin exponerse

Resumen: Este módulo enseña a participar en interacciones sociales sin necesidad de fingir ni actuar, enfocándose en la presencia, la observación consciente, el respeto a los límites y la práctica gradual en entornos seguros. El objetivo es relacionarse auténticamente y ganar confianza sin exponerse innecesariamente.


Estar presente:

No necesitas actuar ni fingir para ser aceptada. Simplemente presta atención a la interacción y participa desde tu autenticidad.

Qué es la aceptación incondicional y cómo puede ayudarte
Explica qué es la aceptación incondicional, cómo mejora la autoestima y por qué fortalece las relaciones
.


Observar sin juzgar:

Mira cómo se desarrolla la conversación sin presionarte a intervenir continuamente. Aprender a escuchar también es participar.

Mindfulness para reducir la ansiedad social
Explica cótmo el mindfulness ayuda a observar sin juicio, reduciendo la presión interna en situaciones sociales.


Respetar tus límites:

No siempre tienes que hablar o compartir algo; es válido permanecer en silencio o retirarte de forma amable si lo necesitas

Establecer límites saludables
Explica qué son los límites (emocionales, físicos, temporales y de conducta), por qué son esenciales para el bienestar y las relaciones sanas, y ofrece pasos prácticos para identificarlos, comunicarlos y mantenerlos de forma asertiva.


Reducir la autoexigencia:

No hay necesidad de impresionar ni actuar para agradar; tu presencia y escucha son suficientes.

Autoaceptación incondicional
Detalla cómo aceptar tus imperfecciones reduce la autocrítica y fortalece la confianza.


Práctica gradual en entornos seguros:

Comienza participando en grupos pequeños o con personas de confianza, realizando ejercicios de interacción donde la presión social sea mínima.

Consejos prácticos para superar la timidez y la ansiedad social
Explica la exposición gradual como herramienta para ganar seguridad.


Simulación y exposición progresiva:

Practica conversaciones, saludos o comentarios breves antes de enfrentarte a situaciones desconocidas o más desafiantes.

Ansiedad social: técnicas y consejos prácticos
Presenta técnicas de exposición progresiva y ensayos para reducir el miedo social.


Reflexión y ajuste:

Después de cada práctica, observa qué salió bien, qué fue difícil y qué puedes mejorar para la siguiente vez.

Técnicas de autocompasión para manejar la ansiedad social
 Recomienda ejercicios de reflexión y autocompasión para integrar aprendizajes después de cada interacción.