. . Entender la fobia social : 2015

viernes, 4 de diciembre de 2015

Sobrevivir a la Navidad



https://www.youtube.com/watch?v=H-Vj4JpdjPk

 Qué pereza hablar de la Navidad uffff… con lo que aún queda, el caso es que ya hace tiempo que los anuncios cargantes de publicidad salen por la televisión, que te recuerdan que se acerca. Los escaparates ya tienen sus adornos, ya tengo turrón en casa y las luces de las calles ya se han encendido. Supongo que quieren animarnos a consumir, cuanto antes mejor,  imbuirnos del espíritu navideño.

Yo paso las navidades fuera, soy de esas del anuncio:
                     - Vuelve, a casa vuelve, por Navidad.
Mi familia vive lejos de mi lugar de residencia habitual y por eso, antes de irme, me dispongo a escribir mi última entrada al blog  hasta el año que viene.


                      NAVIDAD FÓBICA NAVIDAD

¿Cómo la vivo yo? 
                           


Bueno pues más o menos  desde que sé quiénes son los reyes magos mal.
Esa magia ya no existe, ya no es como antes. Ahora la vivo a través de los ojos de los niños de mi familia, vivo de su ilusión, de su inocencia...



      "No hay nada más triste en este mundo que despertarse la    mañana de    Navidad y no ser un niño.”   Erma Bombeck

Ahora parece que la Navidad se reduce a gastar dinero, cuanto más gastes, más estupendo será todo. No solo las comidas y dulces, también los regalos. Si al menos me tocara la lotería, entonces me pondría a comprar como loca regalos para todo el mundo, pero
1. No tengo economía propia, ni libertad para ello, es lo que implica ser dependiente
2. Me cuesta mucho elegir los regalos, porque ¿y si no les gusta? Porque ellos me lo dirán, no como yo que diré que me encanta, aunque no me guste.

Por cada tanda de fiestas tocan dos visitas al hipermercado, una para lo que llamaríamos lo gordo y otra para los olvidos y cosas de última hora. Esta última es especialmente horrible. Normalmente es el día anterior y parece que todos han tenido esos olvidos o lo han  dejado todo para última hora.
Hay colas en todas partes y mucha gente, eso es la guerra, una prueba de fuego para un fóbico. Si no quieres interactuar socialmente, toma dos tazas: hazte valer, di no, haz cola, exige productos de calidad...
No, claro que yo no hago esas cosas, pero si quieres sobrevivir de una forma digna, son necesarias.
¿Dónde estará mi dignidad? Se debió perder entre la gente


Tengo suerte, a mí sí me gusta estar con mi familia esos días, de hecho me pongo muy triste si no lo estoy, incluso cuando vienen tíos y otros familiares no tan directos,  pero cercanos. Comemos, bebemos jugamos a juegos de mesa, y hasta pongo villancicos mientras lo vamos preparando todo y mientras comemos.
También soy yo quien coloca una mesa impecable, con candelabros, manteles y toda esa parafernalia, así como el belén, cuando nos decidimos a ponerlo, porque es tamaño media habitación jejeje. Me gusta crear el ambiente, es mi aportación a la Navidad.
Organizo y hasta dirijo, cosa que me agradecen, porque tengo la disciplina para ello y eso les tranquiliza dentro del tótum revolútum que son esos días con la casa llena. Mi sentido  de la responsabilidad y perfeccionismo en esto sí ayuda.
Me gusta mucho hacer que todo salga perfecto y cuando ya está todo listo y estamos en sobremesa, toca emocionarse ,sentir unión y familia y me empiezo a desinflar.

Las campanadas me resultan muy emocionantes, me pongo muy nerviosa, e hiperactiva, feliz, casi histérica,  y después de ellas me entra un gran bajón. Brindamos con champán y nos besamos deseando feliz año.  Me pongo triste, un año más que se va y otro que comienza deseando que sea mejor, pero sabiendo que es volver a comenzar.

              “No es que me asuste que el tiempo pase tan deprisa, sólo me    inquieta un poco pensar que tal vez mañana yo sea demasiado viejo para hacer lo que he dejado pendiente.”




Por eso me pone nerviosa la Navidad y porque ...
Hay muchas subidas y bajadas en mi ánimo.
Posibles choques familiares, porque todos estamos a flor de piel y hay muchas cosas en las que ponerse de acuerdo: Yo voy, tú vas, yo vengo, tú compras, tú haces...
Muchísimo movimiento de gente por casa, de niños sin cole,  mucho agotamiento mental y físico.

Mi pasado de anoréxica me sigue afectando y no soy muy amiga de las grandes comidas, tampoco cocino.

Puedo utilizar la bebida en estas fechas, de forma excepcional, para animarme y estar a la altura, ni siquiera porque me guste

No celebro más fiestas que las familiares 24, 25, 31 y 1. Nada de comidas con amigos ni similares.

Soy muy estricta y rígida en todo lo que hago, tratando de buscar la perfección, de que todo y todos estén bien.

Es normal por tanto que me den respeto estas fechas  y me dé pereza hasta hablar de ellas.
 Es agotador.

Ahora que me voy estoy muy nerviosa, es como si fuera el pistoletazo de salida y mi vida estable se tambalea, aunque por supuesto estoy muy feliz de ver a los míos.

Igualmente tengo que desearos que tengáis  unas felices Navidades y sobre todo que sobreviváis a ellas, dos semanas de meollo y todo habrá acabado. Con la esperanza, que también  os traslado,  de que el año que viene sea siempre mejor y nos esperen cosas buenas.

Yo seguiré  luchando porque la fobia social se entienda y por hacer  algo más visible el problema. Son demasiados años ya de sufrirlo con vergüenza y en silencio, y aunque ésta no haya desaparecido del todo y me siga escondiendo, desde aquí  sí puedo hacerme oír.
Ojalá  sirva  igualmente para  hacer  sentir mejor a quienes viven con este problema, que se sientan identificados y puedan  compartir conmigo, de forma indirecta, este intento de  grito al mundo. Esto me haría  realmente feliz  y ningún momento es mejor que este para verbalizarlo porque  ésta es la época de los deseos y las esperanzas.


 La felicidad es hacer lo que se desea y desear lo que se hace. No sueñes tu vida, vive tus sueños.
                ¡Feliz Navidad y  Año Nuevo!

VIDEO SOBREVIVIR A LA NAVIDAD:
https://youtu.be/xzClYvgkbgs



martes, 17 de noviembre de 2015

Vulnerabilidad e indefensión desde la infancia en la fobia social y la ansiedad generalizada




Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre

Vivir con miedo – ansiedad generalizada

Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.

Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.

No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.

En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.

Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.

Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.

Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.

Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.

No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.

Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.

Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.

No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.

Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.

Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.

No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.

Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.

A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Un viaje una experiencia



 

Un viaje, una experiencia

Un viaje, una experiencia

Condicionamientos fóbicos del viaje

Hace unos días salí de mi ciudad para ir a Madrid. Pocas veces salgo de mi círculo de confort y es por eso que quiero explicar cómo vivo algo aparentemente normal con fobia social.

Jamás iría sola. Cuando salgo de viaje voy acompañada de mi persona de confianza y disfruto un 200%, creo yo, de lo que disfrutaría una persona normal. Veo cosas nuevas que me parecen siempre increíbles, porque, como me suelen decir, he visto el mundo por un agujerito.

Observo todo como si fuera la séptima maravilla del mundo, todo es enorme, me siento como una niña pequeña, de la mano, y observo mientras me despreocupo, llenando mi vida de colores, de vida.

En esta ocasión fui con familiares y por motivo familiar, con tres personas de los cuales dos desconocen absolutamente mi problema y eso es lo que, en parte, lo hizo diferente.

Primero y para explicar mi sensación fóbica de conjunto, debo volver a mi comparativa con las islas y así digo que viajé a otra isla muy nueva y poco común. No fui yo sola, no tuve que ir a nado. Me llevaron en un barco seguro, pero no era mi isla de confort, era una isla hostil y mi dependencia era total. Quedarme sola en cualquier momento en esa isla era algo que solo pensar me causaba una fuerte ansiedad. Con un solo punto de seguridad, el hotel, porque a él siempre volverían mis acompañantes, pasara lo que pasara.

Conflicto

El que sabe de mi problema se ve en una posición complicada frente a los otros dos, al no poder justificar ciertas actuaciones extrañas de mi parte y me regaña, en privado, enfadándose por milésima vez, haciéndome sentir peor de lo que yo ya me siento, y los que no lo saben hacen y dan por hecho actuaciones que son impensables para mí. Por lo que se dieron dos situaciones:

  • Una: la lucha universal, la de siempre, no aceptar una limitación o al menos entenderla.
  • Dos: la que te obliga a mentir e inventar excusas.

La situación fue la siguiente: Yo no podía acudir a cierta actividad y debía quedarme unas horas sola. Mi idea era quedarme en la habitación del hotel, nada de aprovechar para ver algo o hacer algo por la ciudad. Esto es algo que ya de entrada es difícil de entender, ver que me encierro en una habitación en lugar de disfrutar de una ciudad que no conoces y disfrutarla.

El caso fue que a la hora de dicha separación nos encontrábamos muy lejos del hotel y su actividad no estaba de camino al mismo, es decir, debía irme yo sola y ellos continuar camino.

Yo les dije, tipo broma para disimular y tratar de solventar mi problema, que si me dejaban allí, no me volverían a ver nunca más, porque no me sabía orientar, les decía, y que no llegaría.

Me comentan que eso ellos lo solucionan metiéndose en el metro y que así llegan a cualquier parte. ¿El metro? ¡Qué locura! Y con qué naturalidad lo dicen. Me impactó. Me cuesta mucho ponerme en el lugar de paz y libertad de las personas que no viven esto, no les impresiona sentirse perdidos, no les asusta la aventura y pueden ir a cualquier parte, nada les para.

Yo no puedo ni imaginar algo así. ¿Cómo podrían imaginar siquiera mi zozobra interior, cuando lo ilógico es lo mío? ¿Cómo puedo pedir que lo entiendan o siquiera tratar de decirles lo que me pasa y explicarles mi realidad?... No lo podrían entender, incluso más allá, no lo aceptarían, como no lo está en mi mundo de compresión ese mundo de paz.

Por suerte el que sí sabe del problema decidió no solo dejarme él mismo en el hotel, sino renunciar a aquella actividad y quedarse conmigo hasta mi segunda experiencia en este viaje y comprobar que estuviera bien.

Pensamientos y reflexiones. Punto de no entendimiento

Vivir estas situaciones te hace pensar. Compruebas que vives en otro mundo, que chocas constantemente, que las cosas que haces no son normales, tus limitaciones, tus miedos, tus evasiones... y al tiempo desearías que te pudieran entender y que a veces no te presionaran tanto.

Piensas que al menos el que te conoce y sabe de tu problema ya sabe que determinadas cosas son insalvables en ti, que no digo que tengan que aceptar o asumir por siempre, porque no es lo deseable, pero en ciertas cosas muy obvias que conocen, ¿qué necesidad de cargar contra ti? Me pregunto siempre, eso no va a hacer que justo en ese momento las cosas cambien de golpe.

Si lo hacen por nuestro bien, como suelen decir, yo no creo que ese sea el momento. ¿O sí? Realmente no lo sé. Ellos dirían: - ¿Cuál es el momento entonces? Este es el punto de discordia entre nosotros y los que conviven con nosotros.

Ellos quisieran que reaccionemos, que hagamos algo, que lo intentemos … y por nuestra parte, justo en ese momento, sentimos que no nos entienden y nos agobia, nos hace sufrir, nos causa frustración, dolor … y hasta llegamos a pensar que nos quieren hacer daño expresamente, porque si lo entendiesen, si se pusiesen en nuestro lugar, pensarían seguramente que no nos presionarían así, porque verían el muro que tenemos delante y que somos incapaces de saltar. Este es el punto de no entendimiento.

Yo les entiendo, pero aunque ellos no lo acepten, quisiera que trataran de entenderme también. No vale con que me digan lo que debería hacer, eso solo hace que aumentar mi sufrimiento y es algo horrible. Llego a pensar en esos momentos, aunque realmente no lo desee, que mi única salida es morirme y eso es muy duro.

No puedo dar el paso que me dicen, la posibilidad de quedarme sola en Madrid y tener que volver sola al hotel, alejarme de la persona que me da protección en “esa isla hostil”, es como cerrar la puerta a mi control y aparecer en un agujero negro sin posibilidad de poder echar para atrás. Es como dejarme en medio del más inmenso océano sin barco ni salvavidas, en un abismo, así me siento yo, así lo vivo yo. Tengo miedo. Mi sensación de vulnerabilidad es terrible.

Ansiedad generalizada. AMTAES

En este viaje tuve otra experiencia, que la verdad ni yo me creo que estuviera tan decidida a hacer, y que hasta me hiciera ilusión: una cita a ciegas con una persona de la asociación AMTAES. Ella me lo puso muy fácil y justo aquel día que tenía esas horas, quedamos en mi hotel.

La experiencia me resultó muy interesante, tremendamente constructiva y me aportó muchísimo. Primero alegría por atreverme y porque es un avance que traspasa el objetivo de la asociación de verse en grupos de tu provincia, y siendo personas con problemas me resulta increíble.

Segundo porque resultó bien, casi como si ya nos conociéramos de antes. Y tercero porque conocí un problema cuyo alcance yo no habría imaginado y me hizo empatizar, interesarme y compartir con naturalidad otros problemas amigos hermanos.

Ella no tiene fobia social, sino ansiedad generalizada. La asociación AMTAES es de fobia social y también de trastornos de ansiedad. La fobia social es un trastorno de ansiedad de hecho, y la ansiedad generalizada una de las posibles patologías asociadas a la fobia social muy común.

Me gustó ver y sentir este problema más de cerca. Yo también tengo ansiedad generalizada, pero no deja de ser una permanente preocupación y sufrimiento por todo. Esto ya me parecía duro, pero lo que ella me contó sobrepasaba mis esquemas del sufrimiento por ansiedad y yo quería hablar de eso aquí.

Me contó, por ejemplo, que estuvo mucho tiempo duchándose con la puerta abierta del cuarto de baño y la cortina corrida, con el móvil bien cerca por si tuviera necesidad de ayuda.

Preguntas y respuestas sobre la ansiedad generalizada

¿Tienes ansiedad cada momento del día o sólo son crisis puntuales?
Ahora mismo, que llevo casi dos años con terapia y tratamiento psiquiátrico, sólo es en momentos puntuales y ataques de pánico llevo bastante sin que me den, pero antes sí, era una sensación casi constante de nerviosismo, angustia y miedo.

¿Te lo provoca algo determinado?
La ansiedad me la provocan las situaciones nuevas, tener que ir sola a algún sitio que no conozco o donde sé que puede haber mucha gente. Los ataques de pánico me los provoco cuando me pongo muy nerviosa y no sé controlar una situación. Nunca me dan en el momento, me dan cuando me relajo.

¿Cuáles son los síntomas físicos que te provoca?
Taquicardias, ardor o dolor en el pecho, dolor en el brazo, sensación de mareo y la cabeza embotada, sofocos, hormigueos en los brazos, piernas, boca, mucho miedo, temblores, náuseas… Depende de la intensidad y de lo que me deje llevar por el miedo.

¿En qué limita tu vida?
He dejado de salir bastante. Cuando me ofrecen algún plan me lo pienso mucho y sopeso las circunstancias. Ya no voy a conciertos, no viajo, no duermo fuera de casa y he llegado a no comer fuera de casa, no comía nada que no hubiera comprado yo. Me he vuelto un poco hipocondríaca, siempre que me duele algo pienso que tengo alguna enfermedad.

¿Qué te gustaría decirle al mundo respecto a la ansiedad generalizada?
Que es muy jodido!!! Y que nadie sabe lo que es hasta que no se sufre.

¿Cómo explicarías tú la ansiedad generalizada?
Un estado constante de nerviosismo, miedos irracionales, angustia, todo te agobia, todo te da miedo y no lo puedes evitar, te vuelves hipocondríaco y un pequeño dolor de cabeza se convierte en un tumor, siempre pensando en negativo, te aíslas por miedo a que te vean así, a que te dé algún ataque fuera de casa, no duermes, estás cansado, irritable.

¿Se supera?
Mejorar se mejora, con la ayuda adecuada, yo he mejorado mucho, desde hace dos meses ya no tomo nada. El psiquiatra me dio el alta y no tomo pastillas desde agosto, sigo con la psicóloga pero ahora las sesiones son una vez cada mes o mes y medio. Ya no estoy nerviosa todo el rato, puedo hacer muchas cosas que antes ni me había imaginado que podría, aunque me faltan otras muchas que espero superar poco a poco. Hay que enfrentarse a los miedos porque son irracionales y hay que pedir ayuda y dejarse ayudar.


Un viaje, una experiencia

Condicionamientos fóbicos del viaje

Hace unos días salí de mi ciudad para ir a Madrid. Pocas veces salgo de mi círculo de confort y es por eso que quiero explicar cómo vivo algo aparentemente normal con fobia social.

Jamás iría sola. Cuando salgo de viaje voy acompañada de mi persona de confianza y disfruto un 200%, creo yo, de lo que disfrutaría una persona normal. Veo cosas nuevas que me parecen siempre increíbles, porque, como me suelen decir, he visto el mundo por un agujerito.

Observo todo como si fuera la séptima maravilla del mundo, todo es enorme, me siento como una niña pequeña, de la mano, y observo mientras me despreocupo, llenando mi vida de colores, de vida.

En esta ocasión fui con familiares y por motivo familiar, con tres personas de los cuales dos desconocen absolutamente mi problema y eso es lo que, en parte, lo hizo diferente.


Primero y para explicar mi sensación fóbica de conjunto, debo volver a mi comparativa con las islas y así digo que viajé a otra isla muy nueva y poco común. No fui yo sola, no tuve que ir a nado. Me llevaron en un barco seguro, pero no era mi isla de confort, era una isla hostil y mi dependencia era total. Quedarme sola en cualquier momento en esa isla era algo que solo pensar me causaba una fuerte ansiedad. Con un solo punto de seguridad, el hotel, porque a él siempre volverían mis acompañantes, pasara lo que pasara.


Conflicto

El que sabe de mi problema se ve en una posición complicada frente a los otros dos, al no poder justificar ciertas actuaciones extrañas de mi parte y me regaña, en privado, enfadándose por milésima vez, haciéndome sentir peor de lo que yo ya me siento, y los que no lo saben hacen y dan por hecho actuaciones que son impensables para mí. Por lo que se dieron dos situaciones:

  • Una: la lucha universal, la de siempre, no aceptar una limitación o al menos entenderla.
  • Dos: la que te obliga a mentir e inventar excusas.

La situación fue la siguiente: Yo no podía acudir a cierta actividad y debía quedarme unas horas sola. Mi idea era quedarme en la habitación del hotel, nada de aprovechar para ver algo o hacer algo por la ciudad. Esto es algo que ya de entrada es difícil de entender, ver que me encierro en una habitación en lugar de disfrutar de una ciudad que no conoces y disfrutarla.

El caso fue que a la hora de dicha separación nos encontrábamos muy lejos del hotel y su actividad no estaba de camino al mismo, es decir, debía irme yo sola y ellos continuar camino.

Yo les dije, tipo broma para disimular y tratar de solventar mi problema, que si me dejaban allí, no me volverían a ver nunca más, porque no me sabía orientar, les decía, y que no llegaría.

Me comentan que eso ellos lo solucionan metiéndose en el metro y que así llegan a cualquier parte. ¿El metro? ¡Qué locura! Y con qué naturalidad lo dicen. Me impactó. Me cuesta mucho ponerme en el lugar de paz y libertad de las personas que no viven esto, no les impresiona sentirse perdidos, no les asusta la aventura y pueden ir a cualquier parte, nada les para.

Yo no puedo ni imaginar algo así. ¿Cómo podrían imaginar siquiera mi zozobra interior, cuando lo ilógico es lo mío? ¿Cómo puedo pedir que lo entiendan o siquiera tratar de decirles lo que me pasa y explicarles mi realidad?... No lo podrían entender, incluso más allá, no lo aceptarían, como no lo está en mi mundo de compresión ese mundo de paz.

Por suerte el que sí sabe del problema decidió no solo dejarme él mismo en el hotel, sino renunciar a aquella actividad y quedarse conmigo hasta mi segunda experiencia en este viaje y comprobar que estuviera bien.


Pensamientos y reflexiones. Punto de no entendimiento

Vivir estas situaciones te hace pensar. Compruebas que vives en otro mundo, que chocas constantemente, que las cosas que haces no son normales, tus limitaciones, tus miedos, tus evasiones... y al tiempo desearías que te pudieran entender y que a veces no te presionaran tanto.

Piensas que al menos el que te conoce y sabe de tu problema ya sabe que determinadas cosas son insalvables en ti, que no digo que tengan que aceptar o asumir por siempre, porque no es lo deseable, pero en ciertas cosas muy obvias que conocen, ¿qué necesidad de cargar contra ti? Me pregunto siempre, eso no va a hacer que justo en ese momento las cosas cambien de golpe.

Si lo hacen por nuestro bien, como suelen decir, yo no creo que ese sea el momento. ¿O sí? Realmente no lo sé. Ellos dirían: - ¿Cuál es el momento entonces? Este es el punto de discordia entre nosotros y los que conviven con nosotros.

Ellos quisieran que reaccionemos, que hagamos algo, que lo intentemos … y por nuestra parte, justo en ese momento, sentimos que no nos entienden y nos agobia, nos hace sufrir, nos causa frustración, dolor … y hasta llegamos a pensar que nos quieren hacer daño expresamente, porque si lo entendiesen, si se pusiesen en nuestro lugar, pensarían seguramente que no nos presionarían así, porque verían el muro que tenemos delante y que somos incapaces de saltar. Este es el punto de no entendimiento.

Yo les entiendo, pero aunque ellos no lo acepten, quisiera que trataran de entenderme también. No vale con que me digan lo que debería hacer, eso solo hace que aumentar mi sufrimiento y es algo horrible. Llego a pensar en esos momentos, aunque realmente no lo desee, que mi única salida es morirme y eso es muy duro.

No puedo dar el paso que me dicen, la posibilidad de quedarme sola en Madrid y tener que volver sola al hotel, alejarme de la persona que me da protección en “esa isla hostil”, es como cerrar la puerta a mi control y aparecer en un agujero negro sin posibilidad de poder echar para atrás. Es como dejarme en medio del más inmenso océano sin barco ni salvavidas, en un abismo, así me siento yo, así lo vivo yo. Tengo miedo. Mi sensación de vulnerabilidad es terrible.

Ansiedad generalizada. AMTAES

En este viaje tuve otra experiencia, que la verdad ni yo me creo que estuviera tan decidida a hacer, y que hasta me hiciera ilusión: una cita a ciegas con una persona de la asociación AMTAES. Ella me lo puso muy fácil y justo aquel día que tenía esas horas, quedamos en mi hotel.

La experiencia me resultó muy interesante, tremendamente constructiva y me aportó muchísimo. Primero alegría por atreverme y porque es un avance que traspasa el objetivo de la asociación de verse en grupos de tu provincia, y siendo personas con problemas me resulta increíble.

Segundo porque resultó bien, casi como si ya nos conociéramos de antes. Y tercero porque conocí un problema cuyo alcance yo no habría imaginado y me hizo empatizar, interesarme y compartir con naturalidad otros problemas amigos hermanos.

Ella no tiene fobia social, sino ansiedad generalizada. La asociación AMTAES es de fobia social y también de trastornos de ansiedad. La fobia social es un trastorno de ansiedad de hecho, y la ansiedad generalizada una de las posibles patologías asociadas a la fobia social muy común.

Me gustó ver y sentir este problema más de cerca. Yo también tengo ansiedad generalizada, pero no deja de ser una permanente preocupación y sufrimiento por todo. Esto ya me parecía duro, pero lo que ella me contó sobrepasaba mis esquemas del sufrimiento por ansiedad y yo quería hablar de eso aquí.

VIDEO: Vivo como en una isla