SECCIÓN: CÓMO APRENDIMOS A SER ASÍ
Antes de aprender a vigilarme, a protegerme y a evitar, había algo en mí que percibía el mundo de manera intensa.
Sentía con fuerza: emociones, sonidos, miradas, silencios. Todo me llegaba, y muchas veces me desbordaba, pero también me enseñaba a conectar profundamente con los demás y conmigo misma.
Esa sensibilidad no era un defecto. Era una forma de estar viva. De observar, de sentir, de imaginar.
Con el tiempo, la vigilancia, el miedo a mostrarse y la evitación la hicieron parecer peligrosa. Había que contenerla, domarla, ocultarla. Pero no desapareció. Siempre estuvo ahí, aunque en silencio, escondida entre precauciones y controles.
Recordar esa sensibilidad es importante:
- Nos recuerda que no todo lo que nos pasó nos define negativamente.
- Nos conecta con nuestra creatividad, nuestra ternura, nuestra intensidad emocional.
- Nos ayuda a distinguir entre lo aprendido para protegernos y lo que somos en esencia.
Es un hilo que permanece, aunque muchas veces lo tapemos con miedo. Y reconocerlo es un paso para recuperar algo de presencia y autenticidad, incluso en medio de la ansiedad social.


No hay comentarios:
Publicar un comentario