Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
Vulnerabilidad, indefensión… desde siempre
Vivir con miedo – ansiedad generalizada
Creo que siempre he tenido miedo, desde que era pequeñita. Una niña tímida, vergonzosa y temerosa, con mucho sentido de la responsabilidad y especialmente preocupada en hacer lo que se esperaba de mí, siempre por mí misma, sin presiones de ningún tipo.
Una niña sensible y quizá con más necesidades de las normales, buscando reconocimiento y ser la mejor, por ejemplo frente a mis hermanos.
No recuerdo ningún tipo de carencia de mis padres, incluso tengo muchos recuerdos de especial trato debido a mi sensibilidad. Mis padres no me podían reñir si traía malas notas, porque yo ya llegaba llorando a casa. Tampoco me sobreprotegieron.
En el colegio era igual. Buscaba hacer lo que se me pedía y los profesores siempre me cogían cariño.
Creo que siempre me sentí indefensa, de ahí esas ganas de hacerlo todo bien para que se me quisiera, me cuidaran y me aceptaran.
Siempre me costó pedir las cosas, decir no o defenderme.
Conforme crecía, las cosas no se hacían más fáciles, sino más complicadas: instituto, universidad, un mundo competitivo que llegó a resultarme agresivo.
Siempre he tenido la sensación de vivir en peligro, con una vulnerabilidad extrema y un profundo sentido de indefensión.
No puedo trabajar, conducir, viajar sola, llamar por teléfono, salir con normalidad o relacionarme con facilidad.
Cuando salgo sola, escaneo a las personas como método de control y protección.
Por todo esto pienso que nací con fobia social o con una clara predisosición.
No sufrí traumas en casa ni en el colegio. Siempre me sentí querida y valorada.
Solo puedo entenderlo como una predisposición genética unida a mi carácter hipersensible.
Ahora en mi vida adulta sigo igual: miedos constantes y una ansiedad generalizada.
No hay soluciones mágicas. Muchos solo buscamos comprensión y no sentirnos solos.
Sea cual sea el origen, todos coinciden en que la fobia social provoca vulnerabilidad, ansiedad y sufrimiento.
A partir de ahí, cada uno lo llevará o lo superará como mejor pueda.
