Sección
Cosas cotidianas del día a día: aquellas pequeñas cosas que no se venNo es solo el evento en sí, es todo lo que implica: la ropa que no sé si será adecuada, los saludos incómodos, el miedo a no saber qué decir. La presión de tener que sonreír, conversar, parecer “normal”. Y por debajo de todo eso, un pensamiento constante: “¿Qué hago yo aquí?”
Antes de salir, ya me duele el estómago. Me repito frases tranquilizadoras que no siempre calman. A veces llego. Otras veces me quedo en casa con el corazón acelerado y la culpa enredada en el pecho. Y cuando voy, siento que estoy actuando. Que todo es un escenario y que yo no tengo papel asignado.
He estado en fiestas deseando desaparecer. He fingido atender una llamada solo para poder salir un rato del salón. He evitado el contacto visual porque me sentía fuera de lugar. Y he aguantado porque alguien a quien quiero esperaba que estuviera allí.
Estas situaciones cotidianas, que para otros son motivo de alegría o rutina social, para mí son como pruebas de fuego. Nadie lo nota desde fuera, pero por dentro, cada instante es un esfuerzo. Y cuando termina, no me siento aliviada. Me siento agotada. A veces, vacía.
Todo esto que ocurre fuera, en lo cotidiano, no es aislado: cada gesto, cada instante de tensión, se refleja dentro de nosotros. Lo que hemos visto hasta ahora son situaciones externas, visibles o reconocibles, pero detrás de ellas existe un mundo interno que no siempre se percibe.
En la siguiente sección, Momentos, exploraremos lo que sucede dentro de nuestra cabeza cuando vivimos estas experiencias: los pensamientos, emociones y sensaciones que acompañan cada interacción social y que muchas veces permanecen invisibles para los demás
Ya habré tratado esta situación con humor (ver versión divertida: entrar en un sitio lleno), pero aquí quiero mostrar cómo se vive realmente.
Fin de sección


No hay comentarios:
Publicar un comentario