. . Entender la fobia social

martes, 26 de abril de 2016

Si me quieres ayudar , conoce mis muros y entiende mis "No puedo"


Si me quieres ayudar, conoce mis muros y entiende mis “no puedo”
Es bastante común que yo, y gente con estos problemas, en mi caso de componente agorafóbico y fobia social, con personalidad evitativa, se nos escuche decir las palabras:

“No puedo”
¿Por qué tu "Tú puedes" me hace daño?
Estas palabras no son aceptadas, admisibles y mucho menos entendibles para alguien que no vive lo que tú vives, porque no está dentro de ti. Parece que mientras tengas pies, brazos y respires, todo es posible y que sí puedes.
Y, en teoría, sí que puedes, ¡claro que puedes!, porque obviamente nuestro “no puedo” no tiene ese significado literal y estricto. Físicamente es posible y es cierto que, de enfrentarlo, tampoco morirías en el intento; seguramente lo conseguirías.
Lo que en esta entrada quería dejar bien claro es que, pese a todo, el que te digan una y otra vez:
“Inténtalo, tú puedes”
es altamente frustrante, extremadamente doloroso y sobre todo no ayuda en nada.

Esta circunstancia no va a hacer que de repente nos digamos:

Sí, lo voy a hacer o lo voy a intentar.

No se consigue nada con eso, solo hacer sufrir en límites que solo los que lo viven saben y que son muy elevados, hasta tal punto de dolor y frustración que puedes entrar en un fuerte estado depresivo que te puede llegar incluso a ideaciones suicidas.

Es doblemente doloroso: primero por la presión y la frustración al enfrentarte tan brutalmente ante esa limitación que otros creen que es tan fácil como enfrentarse, y segundo por la falta de entendimiento y comprensión.

Nadie puede meterse dentro de mi cabeza. Nadie puede saber hasta qué punto mis miedos son un límite, una frontera que no puedo saltar.

Si no pueden estar ahí y me quieren ayudar, esa no es la manera.

Para empezar yo me cerraré en banda justo ante esa persona, no confiaré en ella, no la veré como un amigo que me quiere ayudar, aunque sepa que esa fue su motivación y lo hiciera con muy buena intención.

Para mí será “mi enemigo” en ese aspecto al menos. Sabré que es una persona con la que realmente no podré contar cuando me sienta mal, porque pensaré que no me entiende y no le podré explicar lo que me hace sentir mal o mis miedos, so pena de escuchar: “Tú puedes, hazlo, inténtalo”, o incluso sorpresa ante lo que no hago.

La diferencia entre lo físico y lo mental
Es muy importante sentirse entendido, es crucial, básico, aunque de verdad no lo consigan entender del todo. Solo lo entiende quien lo vive, pero sí tener cierto grado de empatía o intentar ponerse en nuestro lugar.

Ya sabemos que la posible solución está en enfrentarse, pero no es tan fácil como decir: hazlo. La comprensión y entendimiento es fundamental para curarse o mejorar.

A mí me ayudaría que el que me quisiera ayudar tuviera una actitud protectora y tranquilizadora: “Tranquila, todo está bien, no pasa nada, yo estoy aquí. Si ahora no puedes, ya lo harás más adelante.”

Esto me daría armas, fuerza y más seguridad para enfrentarme, sabiendo que tengo un respaldo y que no estoy sola en esto. Saber que ese amigo o familiar está ahí para escucharme cuando lo necesite, porque tener a quien explicar esas fuertes angustias alivia.

Que no me juzguen ni me echen en cara lo que no hago, que me intenten entender o que entiendan el problema en general, que no es algo que no quiera hacer y que ya es un sufrimiento el no hacerlo por la limitación que te crea y la frustración.

Ya tú misma te castigas y fustigas muy duramente por ello, no es necesario que lo hagan más. Nadie va a conseguir que me enfrente porque me estén diciendo: hazlo, solo consiguen hacerme más daño y sentir mucho dolor.

Acompáñame, ayúdame, quizá traspasando esos muros con ayuda pueda llegar a sentirlos menos infranqueables con el tiempo, pero si yo te digo que no puedo sola, CRÉELO.

Cuando el miedo es real en mi cabeza

Como conté en mi anterior post, me enfrenté a uno de los viajes que consigo hacer sola, pero con ayuda. Es decir, hago el recorrido, pero me vienen a recoger al lugar de llegada.

Para mí el medio de transporte es como un aparato diabólico que se mueve por dentro de esas inmensidades terroríficas y desconocidas que no controlo y de las que tanto temo, pero si sé que me recogerán al final de este recorrido, lo acepto, con mayor o menor ansiedad.

Esa ayuda implica que la persona que me tiene que ayudar se desplace en un recorrido de hora y cuarto, para recogerme y volver de nuevo conmigo juntos. No consigo hacer ese transbordo sola.

Llevo luchando contra eso muchos años, no un día o dos, no es algo que se preste a la ligereza. He aceptado mis limitaciones de viajes, porque tampoco los necesito, pero lucho y sigo luchando por este recorrido para mí casi vital.

Llego de este recorrido siempre muy deprimida, no me gusta depender de esta manera ni ser una molestia tan grande para nadie. Y no lo entienden: no entienden cómo no puedo hacer eso, ni cómo soy capaz de hacer venir a alguien a buscarme, ni entienden que diga no puedo. Tampoco entienden que no me hace feliz precisamente esta situación.

A mi edad, si es que las lágrimas tienen edad, lloro y lloro. Algunos incluso dirían: “Pues deja de llorar y haz algo.” ¿De verdad creéis que eso ayuda?

Entender que todos los miedos y fobias son irracionales. No suele haber un peligro real, pero los que lo vivimos, lo hacemos como cuestión de vida o muerte. No es que no seamos capaces de pensar de forma coherente, es que lo que imaginamos lo vivimos como real, como cuando tienes una pesadilla en sueños y te despiertas con el corazón latiendo.

Este fin de semana vi una película de ficción, que me pareció muy interesante para explicar los miedos irracionales. Se trataba de un asesino en serie muy trastornado que mataba a chicas encerrándolas en una especie de urna tamaño habitación y en lapsos de tiempo automátizados iba cayendo agua hasta llenar la urna y ahogar a sus víctimas.

Trabajando contra reloj, acuden a un centro donde trabajaban con éxito en experimentos eugenésicos, entrando directamente en las psiques humanas y ayudando desde dentro. Nada de lo que se experimenta o se vive dentro de las mentes es real, se vive como un sueño, aunque se entra en contacto real.

Si se llegara a creer que es real, entonces sí se hace real, y lo que ocurra pasa de verdad; por ejemplo, si muere dentro, se muere de verdad. Una psicóloga entra a la mente de ese asesino para buscar respuestas, y se encuentra en un mundo muy oscuro, extraño, agresivo y sorprendente.

Pese a su experiencia, pierde el control y acaba creyendo que lo que vive allí es real, no pudiendo evitar tener miedo y sentirse en peligro. Al final está realmente en peligro.

¿Podríais tener la disciplina de saber, mantener y actuar en consecuencia ante ese tipo de peligros, por muy irreales que fueran? Al igual que en los sueños, ¿podríais mantener la calma y no tener miedo porque sabéis que no es real?

¿Creéis que porque yo os dijera que no es real, e incluso vosotros lo supierais, podríais, ya no solo dejar de tener miedo, sino enfrentarlo, meteros en ese mundo, en esa mente? LA RESPUESTA ES NO.

No basta con saberlo. Si el miedo está ahí da igual lo que te digan o sepas. Ya en nuestra realidad, nuestros miedos, aunque no exista peligro real, no los puedes controlar; necesitas evitarlos o vivirlos como los vivimos. En muchos casos son muy profundos y arraigados, no es algo superficial que con esfuerzo se pueda resolver.

Sería el equivalente a meterse en la mente de ese asesino y no tener miedo. Da igual que sea por fobia específica, enfrentamiento social, viaje, salir a la calle, obsesión repetitiva o cualquier otro miedo/trastorno de ansiedad. Si pudiéramos enfrentarnos y controlarlo, ya no tendríamos un problema, pero la realidad es que estos trastornos nos acompañan y nos limitan, causando sufrimiento. No todo es voluntad; muchas veces hay algo más.