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viernes, 21 de marzo de 2025

El sufrimiento en la fobia social


El sufrimiento en la fobia social no es un solo dolor, sino muchos. Es un laberinto donde cada camino lleva a una forma distinta de angustia. 

 Está el miedo, que no es un miedo común. No es temor a algo concreto, sino a todo. A existir frente a los demás, a ser visto, a hablar, a no hablar, a moverse, a equivocarse. A veces ni siquiera sé exactamente a qué temo, solo sé que algo en mí se encoge y me dice que no puedo, que no debo, que estoy en peligro.

 Está la vergüenza, esa que no necesita que nadie me critique porque yo misma me castigo antes de que lo hagan. Cada error, cada gesto torpe, cada silencio incómodo se queda grabado en mi mente, repitiéndose una y otra vez. Es una vergüenza que no se va ni cuando estoy sola, porque entonces pienso en lo que hice, en lo que debería haber hecho, y me hundo más en esa sensación de ser inadecuada. 

 Está el cansancio. Porque vivir así es agotador. No solo es la ansiedad en el momento, es la anticipación antes y el castigo después. Es la tensión en los músculos, el nudo en el estómago, la sensación de estar en alerta constante. A veces me gustaría simplemente existir sin pensar, sin analizar, sin tener miedo. 

 Está la soledad, que no es solo estar sola, sino sentir que no encajo en ningún sitio. Que incluso si alguien se acerca, hay una distancia invisible que me separa. A veces quiero hablar, quiero formar parte de algo, pero el miedo me frena. Y cuando no lo intento, la culpa me dice que es mi culpa estar sola, que soy yo quien se aleja. 

 Y está la desesperanza. Esa que llega cuando me doy cuenta de que llevo años sintiéndome así, que he intentado cambiar y sigo atrapada. Que el mundo sigue adelante mientras yo sigo aquí, con miedo a cosas que para otros son normales, preguntándome si algún día podré ser libre de esto.

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