Introducción personal:
En cuando me entero de que debo enfrentarme a una situación social, algo en mi interior comienza a preparar una cuenta atrás. Como si fuera un reloj que no puedo detener, los minutos se alargan y cada segundo pesa más. La sensación de estar atrapada en el tiempo es agotadora, y lo peor es que sé que no puedo escapar de esa espera. Mi mente empieza a anticipar lo que va a pasar, imaginando todo lo que podría salir mal. Y, aunque el evento no ha llegado, ya lo estoy viviendo en mi cabeza, una y otra vez.
La metáfora:
Es como un reloj de arena.
Cada grano de arena que cae es un segundo más que me acerca a la exposición social. Pero en lugar de ver cómo el tiempo avanza con calma, lo que siento es que cada grano aumenta la presión. La arena no cae de manera uniforme, sino que se desliza lentamente, casi como si se estuviera resistiendo a caer, haciendo que la espera sea interminable. Y con cada grano, el peso de la ansiedad crece, acumulándose en mi pecho, en mi estómago, hasta que parece que el momento está tan cerca, pero a la vez tan lejano, atrapado en una espiral de pensamientos y miedos.
Reflexión final:
Lo más desconcertante de esta cuenta atrás es que, al llegar al final, al enfrentarme finalmente a la situación social, el peso de la ansiedad no es como esperaba. De alguna manera, la anticipación se convierte en el mayor enemigo, la sensación de estar sumida en esa cuenta regresiva. Porque , después de todo el miedo acumulado, la mayoría de las veces lo que temía no ocurre, o no con la intensidad que había imaginado. Me doy cuenta de que todo el proceso ha sido más sobre el tiempo y lo que he dejado que mi mente imagine sobre el momento real.
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