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lunes, 17 de marzo de 2025

Hacerse invisible



Introducción personal:

Tanto me escondo que al final pareciera que soy invisible. No sé si es porque hablo bajo o porque no les interesa lo que tengo que decir pero a menudo me siento invisible. Me hago invisible .

Siempre he tenido la sensación de que, en ciertos momentos, desaparezco. No porque lo quiera, sino porque simplemente ocurre. Estoy ahí, pero es como si mi presencia se desdibujara, como si fuera menos real que los demás. Al principio, pensaba que era una estrategia propia: bajar la voz, evitar el contacto visual, moverme con cautela para no llamar la atención. Pero con el tiempo, me di cuenta de que no siempre era una elección. A veces, incluso cuando quiero hablar, cuando intento ser parte de algo, sigo siendo invisible. 

 La metáfora de la invisibilidad

La fobia social no me ha dado el poder de hacerme invisible. Me ha convertido en alguien que se siente invisible. Al principio, confundí ambas cosas. Pensé que al apartarme, al hablar lo menos posible, al ocupar el menor espacio, estaba protegiéndome. Pero pronto descubrí que no era solo yo quien me ocultaba: los demás también dejaron de verme. No porque lo hicieran a propósito, sino porque la invisibilidad, cuando se instala, se vuelve real. 

 Puedo estar en una conversación y notar cómo mi voz se pierde en el aire, como si nunca hubiera salido de mi boca. Puedo caminar por la calle y sentir que nadie se percata de mi existencia, como si mi presencia no alterara el espacio. Puedo intentar formar parte de un grupo y darme cuenta de que, sin quererlo, mi figura se difumina hasta desaparecer.

 Y lo peor es que, cuando realmente quiero romper la barrera, cuando intento alzar la voz o hacerme notar, es como si el mundo ya se hubiera acostumbrado a no verme. 

La lucha por volver a aparecer. Reflexión final

No sé exactamente cuándo empezó esta sensación de invisibilidad. Tal vez fue el miedo al juicio lo que me llevó a reducir mi presencia, o tal vez fue la soledad la que la convirtió en algo definitivo. Lo que sí sé es que, una vez que la invisibilidad se instala, deshacerse de ella es difícil. 

 Recuperar la presencia significa desafiar el miedo, forzarme a ocupar espacio, a recordar que merezco ser vista. Significa resistir la tentación de callar cuando quiero hablar, de esconderme cuando quiero estar. No siempre lo consigo, y muchas veces la invisibilidad regresa sin que me dé cuenta. 

 Pero sé que estar aquí no es un error. Y aunque mi reflejo en el mundo sea borroso, sigo existiendo. Y existo con derecho a ser vista.




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